jueves 9 de julio de 2009

Entrevista a Valeria Iglesias


Para Agencia NAN
Fotografía de
Caro Mikalef
-¿Cómo fue mutando el proyecto Absurda y Efímera?
--Surgió un verano en que estaba sin trabajo y con banda ancha. En esa época ya existían los blogs, pero no eran furor y yo no sabía que existían. Así que me diseñaba una página con FrontPage, publicaba un texto e invitaba por mail a un montón de contactos para que leyeran. Al principio, la página se llamaba Sólo por hoy, y el texto estaba en Internet un día solamente. Por la dinámica y porque el primer texto que publiqué se llamaba "Absurda", enseguida registré el dominio “absurdayefimera”. Seguí un par de años diseñando la página. Me llevaba horas y horas. Entonces, me pasé al formato del blog. Esta tercera etapa se llamó “revista travestida de blog”, porque entonces AyE era una revista digital que robaba la plantilla del blog. De revista, se convirtió en blog, con dinámica de blog. Hasta que empecé a utilizarla como herramienta de difusión de mis cursos. Y así llegamos a lo que AyE es hoy.

viernes 5 de junio de 2009

Entrevista a Ricardo Romero


Por Valeria Tentoni
Para AGENCIA NAN
Foto de Magalí Flaks

"-Esa novela logra, como muchos de tus cuentos de Tantas noches..., describir la soledad con una nitidez notable. ¿De alguna manera, El síndrome de Rasputín --en la que un grupo de personas con tics se unen y se asisten mutuamente--, es la venganza de los solitarios? ¿Por qué la soledad es un elemento con tanta presencia en tu obra?
-- Me encantó, no lo había pensado así, pero sí, es “la venganza de los solitarios”. Igual creo que en Tantas noches como sean necesarias la soledad de los personajes es una revancha también, en un mundo en el que no parece haber lugar para ellos: los personajes están tan ensimismados que hacen de la soledad otra cosa, algo mágico y poderoso. A ellos el hechizo de su soledad los define y los salva; perdiéndolos, claro. Respecto a lo que decís sobre la soledad en mis textos, creo que es el punto de partida: sólo desde esa soledad que está en nuestra naturaleza (la pertenencia a la intemperie, como diría Enrique Molina) podemos empezar a apropiarnos de alguna parte, ínfima, irrisoria, del mundo. La soledad nos vuelve honestos, no hay a quién engañar, porque incluso cuando uno se engaña a sí mismo necesita de los otros para que el engaño funcione. Otra vez Enrique Molina, que se refiere a “nuestro desamparo en la corriente”; y desde ahí amar, construir una historia precaria para habitar con uno y con los demás. Cada vez estoy más convencido de que sobre lo que yo quiero escribir es sobre el amor y sus caprichosas formas de encarnarse en personas, objetos, miedos e ideas, porque podemos amar tantas cosas... La soledad está devaluada, me parece, porque es peligrosa para los intereses utilitaristas que rigen nuestra sociedad. Uno nunca sabe adónde la soledad puede llevarlo. El problema no es la soledad, sino lo que cada uno hace con ella...."

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viernes 15 de mayo de 2009

Entrevista a Liliana Diaz Mindurry


Entrevista para Agencia NAN
Por Valeria Tentoni

"-- ¿Por eso puede ser que tengas tantos personajes niños, que son esencialmente pasionales y juegan con el límite?

-- Si, tenés razón en eso. Creo que en el niño debe haber menos mandatos o filtros desde el afuera, hay contenidos más auténticos y brutales. No creo en los niños buenos. El niño tiene, justamente, esa posibilidad de una especie de pureza, si bien no me gusta esa palabra. Hay a veces un extremo de ternura, de bestialidad, de sexualidad incluso; yo creo que la sexualidad en los niños es una cosa que todavía molesta, pero es un hecho. Y hoy todo el tiempo se habla de pedofilia y no se acepta lo otro, la pulsión sexual del niño; no es que esté aceptando la pedofilia ni nada por el estilo. Quiero decir que, por ejemplo, Pequeña música nocturna le molestó a mucha gente porque el tío, finalmente, no era pedófilo. Molestaba más que simplemente todo era un juego de una niña. Los niños me atraen muchísimo para escribir, como también los personajes violentos, psicópatas."

Ver más en www.agenciaNAN.com.ar

sábado 25 de abril de 2009

Reseña de Rascacielos, en Letras.s5, Chile


Por Valeria Tentoni
Revista “La Quetrófila” de Buenos Aires

Rascacielos.
Enrique Winter.
Literal, Colección Limón Partido, México 2008.

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viernes 24 de abril de 2009

Jueves 30: Outsider_14

martes 21 de abril de 2009

En revista Derecho y Barbarie


Presentación del segundo número de la Revista Derecho y Barbarie

Lunes 27 DE ABRIL DE 2009 18.30 hs

SALÓN AUDITORIO. Facultad de Derecho (UBA)

Artículos de Zaffaroni, Raffin, Boron, Dri, entre otros.

Colaboro en este número con un artículo sobre Bataille



domingo 1 de febrero de 2009

Entrevista a Ignacio Molina



Hacer click sobre la imagen para agrandar y leer la nota. Plus: un cuento bahiense de Molina.

sábado 17 de enero de 2009

Entrevista a Santiago Llach




Hacer click sobre las imágenes para leer la nota y la reseña.

domingo 21 de diciembre de 2008

Entrevista y reseñas en Nexo del domingo 21/12




jueves 11 de diciembre de 2008

Entrevista a Mauricio Kartun para Nexo

click en la imagen para agrandar y leer la nota
Para suplemento cultural Nexo
Periódico Ático, Bahía Blanca
Ejemplar domingo 14 de diciembre

sábado 6 de diciembre de 2008

Publicación en revista Mexicana Andante 26

Revista Andante 26 /Hermosillo Sonora, México



Poemas publicados en el número editado por
Manuel Parra Aguilar

miércoles 3 de diciembre de 2008

Entrevista a Oscar Araiz para Nexo

Para suplemento Cultural Nexo
Edición domingo 30 de noviembre

Antes de “crear” es necesario crear condiciones

"VT: ¿Cómo ve el estado de cosas actual en el ballet? ¿Cómo han girado las cosas desde que creó el Ballet del Teatro San Martín? ¿Son las mismas condiciones para este tipo de proyectos?

OA: El paisaje es mayoritariamente “desangelado” en lo creativo. La danza es la suma de numerosos “mundillos” con diferentes condiciones y niveles. Las compañías “estables” son lamentables. No se percibe una evolución ni aún en sus academismos. Los supuestos “artistas” se han convertido en funcionarios públicos. A veces se justifica entendiendo la ausencia total de previsión social o en coberturas de salud. Esto crea una mentalidad de permanente inconformismo con características adolescentes o victimarias. La danza independiente parece más despierta, pero también está sujeta a los condicionamientos del “mercado” y de las modas. La Economía reina sobre valores casi extinguidos a pesar del talento en muchos intérpretes y creadores de los dos ámbitos (el oficial y el independiente). Muchos años me separan de la creación del Ballet del San Martín. Otras son las circunstancias, los objetivos, las audiencias..."

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Entrevista a Lucas (Funes) Oliveira para Nexo


Para Suplemento Cultural Nexo
Edición Domingo 30 de noviembre

Entrevista a la Editorial Funesiana

"VT: ¿Cuál es el criterio de selección, la línea editorial? ¿Qué busca la Funesiana en un autor?

F: Power. Sangre. Desenfreno. Ovarios. Huevos. Sinceridad. Lucidez. ¿No pedimos nada, no? Los libros que tenemos ganas de publicar son aquellos que no tienen miedo de poner una opinión en el medio de una escena mezquina y atolondrada. Son libros de atorrantes. Desmesurados en arrogancia, quizás, aunque no pedantes. Libros que van a pasar al olvido sin melodramas ni romanticismos elegantes. Si bien todavía no somos formalmente una editorial, tal vez cuando publiquemos los otros cuatro títulos podría ser, lo de “la editorial más chica de latinoamérica” (frase que le robé a Diego Trillo Grubba cuando se enteró del proyecto) habla de cierta arrogancia que nos entusiasma. Una falacia que me conmueve: no todo está perdido. Nada se perdió, es cierto; se trata de una pose. Una pose que atrae a un público activo, un público que valora los libros y las apuestas, un público que entiende el valor de un tipo yendo al frente contra sus propias limitaciones..."


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miércoles 26 de noviembre de 2008

Poemas publicados en Lanzallamas, Chile


Poesia
en la edición noviembre de
Lanzallamas
(Chile)

www.lanzallamas.com/blog

sábado 22 de noviembre de 2008

Reseña Nexo


El origen de la luz
Arnaldo Calveyra

Editorial Sudamericana, Narrativas. – 2004

Para Suplemento Cultural Nexo
Edición Domingo 23 de Noviembre

Este autor, entrerriano de 1929, reside desde los años 60´en París, sin haber detenido por eso su producción –espaciada, si- en castellano. En su última visita a nuestro país –su país también- dijo que “hay poesía cuando hay más silencio que palabra”. Si bien este, El Origen de la Luz, es un libro de cuentos, la impronta lírica con que Calveyra describe y narra es incontestable. El campo, omnímodo, funciona como escenario que abraza y contiene a cada una de las trece historias. Los silencios y las sombras vienen a componer voces que también tienen sus propias declaraciones, reverberando en el espacio rural como en una bóveda inmensa. La vida de pueblo, los acordes del trote de un caballo, la niñez que insolente se hace del pasto, del sol, de las casuarinas; “…nos desplazábamos sin hacerle ruido al cielo...” Se destaca un cuento inmejorable, “El caballo, el hombre y el tigre”, que -repitiendo a Borges cuando prologa La Invención de Morel- no exagero si lo acuso de perfecto.

lunes 17 de noviembre de 2008

Reseña Nexo


IGOR
Federico Levín
Gárgola Ediciones

Para Suplemento Cultural Nexo
Ejemplar domingo 10 de noviembre


“¿A dónde vas así tan descalza, querida?”
Federico Levín, Rosarino, de apenas veintiséis años, se despacha con una novela enhebrada con un ingenio narrativo notable. Porque el adjetivo es ese; ingenio, uno que nos sorprende, y puede emparentarse con el destello cortazariano. Una radiografía de lo melancólico, como preludia la tapa. Nos envuelve en la historia de Igor, personaje diseñado hasta en lo más minúsculo con una destreza que lo convierte en adorable. Igor, un par de zapatos y Natschenka, con su lunar móvil. “…Las esquinas comenzaron a tironearlos, mostraban desde el otro lado, la tranquilidad de dejar pasar las cosas, la comodidad de ser una esquina.” Una historia contada en el todavíamente mañana, que subvierte los tiempos y los espacios, navegando al lector hacia un final logrado con particular habilidad. Un libro que nos deja con ganas de más Levín, y de abrazar a Igor con todas nuestras fuerzas.

Reseña en Nexo

EL SÍNDROME DE RASPUTÍN
Ricardo Romero
Negro Absoluto

Para Suplemento Cultural Nexo
Ejemplar domingo 16 de noviembre

“…Lo último que la oscuridad borra de un rostro es el miedo”. Ricardo Romero ejecuta con notable destreza el género policial, que reúne la colección Negro Absoluto, dirigida por Juan Sasturain. Luego de Ninguna Parte, y Tantas noches como sean necesarias, esta novela consolida al autor en el uso venerante del lenguaje, en el logro de una prosa urdida con el detallismo dulce de un artesano. Tres personajes que comparten la misma insistencia -el síndrome de Tourette-, se ven implicados en una trama que bien podría trasladarse a la pantalla; muertes, misterios, giros, trucos, persecuciones; todo lo que tiene que tener un ejemplar de esta estirpe. La arquitectura de esta historia se alza sobre un terreno corrido en el tiempo; una Buenos Aires futura, con dos obeliscos, “como una fotografía fuera de foco”, según dijo el autor en la presentación realizada en el marco de la última Feria del Libro. Una novela que deja sin aliento desde -y sobre todo- el primer párrafo, y que ocurre, como el atardecer, “…en alguna parte, en todas y en ninguna”.

lunes 10 de noviembre de 2008

Entrevista a Pedro Mairal para Nexo


Valeria Tentoni y Ximena Venturini
Para suplemento cultural Nexo
Edición Domingo 9 de noviembre

Entrevista a Juan Diego Incardona


Para suplemento cultural Nexo
Edición domingo 2 de Noviembre

miércoles 5 de noviembre de 2008

En la Contrarreforma



Para la Contrarreforma número 4

"No es meramente aquello del dulce de leche y del manjar –el primero es más espeso y consistente, el segundo, que los chilenos dicen es igual, es apenas una saliva débil con pretensiones de dulzura–, lo que nos separa cordilleranamente de nuestros compañeros trasandinos; sino un trillón de idioteces afines. Lo cierto es que leer la literatura argentina desde Chile, como leer la literatura chilena desde Argentina, deja sin efecto aquella risible testarudez divisoria..."

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martes 21 de octubre de 2008

Entrevista a Belén Sosa


Para Suplemento cultural Nexo
Periódico Ático

Con tan sólo veintitrés años, Belén (nacida en Bahía Blanca y residiendo actualmente en Buenos Aires) está inmersa en el universo teatral por completo; ha participado en tres obras, cortometrajes, y está trabajando en un largo y ensayando dos obras más, sumado a su trabajo de taller a preadolescentes. Un alma inquieta que encontró su cauce en las tablas, con la presencia dulce de su juventud y su tenacidad, que la proyectan enteramente comprometida con el teatro...

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lunes 20 de octubre de 2008

Reseña para suplemento cultural Nexo


Para Suplemento Nexo
Ejemplar Domingo 19 de octubre
Blogueando
No-Retornable

El trabajo de Sol Echevarría y Marcelo López desde la revista web
No-Retornable, desembarca en el universo online con un detalle en el trabajo plausible. Ambos estudiantes de la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires, han
emprendido el no menor proyecto de mantener con seriedad y frecuencia una revista que no sólo se limita a lo literario sino que “es una combinación de palabras con imágenes que
surge de una búsqueda esencialmente riesgosa: la efímera actualidad”. El diseño gráfico y el contenido de la revista han sufrido en el último número una metamorfosis feliz hacia
una apertura de tópicos que la depositan donde ahora está; un panorama completo y adulto de la realidad cultural y social, un multiperspectivismo. Con colaboradores jóvenes
seleccionados cuidadosamente, y aportes de otros con trayectoria académica, las secciones se dividen en entrevistas envidiables, relatos y poesías de autores contemporáneos –las
más de las veces textos inéditos-, reseñas críticas de libros, imágenes (fotografía), análisis de problemáticas actuales, y sus gloriosos dossiers –en el último número encontramos
uno de Bolaño-. La revista permite además la lectura de números anteriores, y el acceso a links y a una agenda de eventos literarios. Un espacio de debate, y de “lucha textual”,
donde la divergencia tiene su puesto de eje propulsor de encuentros, hacia una gimnasia de destrezas de pluma y de ideas.

Anote: www.no-retornable.com.ar

viernes 17 de octubre de 2008

Presentación La Piedra de la Locura
















En el Pacha, 16 de Octubre 2008
La Quetrófila
junto a Felipe Moncada Mijic y Jorge Polanco Salinas

lunes 13 de octubre de 2008

Reseña disco: Volare. Bigger Than Jesus


Reseña para Suplemento Cultural Nexo
Edición Domingo 5 de Octubre

El trío, compuesto por Luciano Villacé (Guitarra/ Voz), nacido en Rafaela; Nahuel Tavosnanska (Bajo/ Coros), de Capital Federal y el bahiense Ramiro Pereyra (Batería/ Coros), se presenta con este, su primer trabajo publicado. En el disco conviven cinco temas, con letras en inglés y en castellano, en clave rock / grunge; Fuego del Ayer, Take Me, En Sueños, Bigger y Riot. Este conjunto se deja inundar por una apertura estilística notable, sobre todo, en el tercer tema. Las canciones fueron compuestas por quienes los ejecutan, con la colaboración de Juan Manuel Drangosch y Mauro Zannoli en dos de ellos. El arte de tapa fue diseñada por Guido Pascualetti. La formación viene trabajando desde el año 2006, y se conocieron en la Universidad de Quilmes, donde estudian música.
El disco propone una estética abierta, que si bien se apoya en recursos como la distorsión, puede mutar hacia “En sueños” sin deber explicaciones; la música como modo de vida se presenta para estos muchachos, que hacen circular sus trabajos por estos tres ejes; Capital, Rafaela y Bahía Blanca, programando en esta última ciudad recitales para fin de año, junto a la banda La Caverna. La energía que germina en los conciertos en vivo se trasladó al disco, felizmente, con perfecta simetría.
“Wake up, I’ve decided the way…” Una banda que promete continuidad y calidad, como demuestra esta pieza, dejando en evidencia el trabajo comprometido e independiente de estos jóvenes, la sed imperturbable por hacer música, a pesar de todo, por sobre todo.

Para conseguirlo; biggertj@gmail.com
Más info: http://www.myspace.com/biggertj // www.myspace.com/biggertj

domingo 12 de octubre de 2008

Entrevista a Editorial Tamarisco


Para Suplemento Cultural Nexo
Periódico Ático
Ejemplar domingo 12 de octubre



"Editorial Tamarisco se presenta como un proyecto autogestionado, comandado por los escritores Sonia Budassi (bahiense), Hernán Vanoli, Violeta Gorodischer y Félix Bruzzone. Una apuesta firme a la literatura contemporánea, una intención que busca trascender la mera impresión de libros. Una explosión de energía creadora que viene a derrocar los prejuicios que se acostumbra tener frente a las editoriales independientes. Son cuatro, son jóvenes, son talentosos. Quieren, y pueden."

Nota sigue [acá]

Foto gentileza de Lorena Fernández

lunes 6 de octubre de 2008

domingo 28 de septiembre de 2008

Entrevista a Alberto Laiseca


Para Suplemento Cultural Nexo
Periódico Ático
Bahía Blanca
Ejemplar Domingo 28 de Septiembre


Alberto Laiseca, autor de la mítica novela Los Sorias, me recibe un sábado al mediodía en su casa del barrio de Caballito. Lo veo acercarse a la puerta del edificio como un holograma, sonriéndome desde detrás del vidrio, por debajo de sus bigotes. Primero la puerta, luego la vasta biblioteca forrada de blanco, dos gatos repartiéndose una cama matrimonial, un escritorio tapado de libros. En el patio interno dos perros japoneses. Me indica dónde están los ceniceros y me invita con cerveza. Un autor de culto, que ha construido su obra desde el realismo delirante, confiesa "Lo que no es excesivo, no vive" .

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jueves 25 de septiembre de 2008

Reseña para suplemento cultural Nexo


Suplemento Cultural Nexo
Periódico Ático, Bahía Blanca
Ejemplar del domingo 21 de septiembre 2008

Ignacio Molina, bahiense de 1976, nos trae en esta, su primera publicación, un compendio de quince cuentos que convergen en una unidad de estilo y prosa notable, en clave realista. Cada relato está atravesado por historias comunes, cotidianas, habitadas por personajes rotulados con nombres propios pero que bien podrían no tener nombre, o tener todos el mismo; porque en Molina, lo relevante no es ni el detalle que implica un nombre, ni el peso de los seres que, cual hologramas, aparecen y desaparecen en el espacio de la hoja con el único fin de enaltecer lo verdaderamente imperioso; contar una historia. Los hechos revelan silencios inquietantes, la pluma está puesta en lo no dicho, en lo subterráneo de los vínculos. El vacío ordenado, justamente, porque la nada también es ser y explica cosas, imprime sentidos. “…Los movimientos se confundieron, y pensar en algo y hacerlo fue una misma cosa…”. Un complejo entramado de existencias urbanas, plagado de gestos y de muecas que gritan palabras al viento.

martes 23 de septiembre de 2008

Publicación en revista Esperando a Godot


Publicación en revista Esperando a Godot, n° 19. Septiembre 2008.
Contratapa


Bis

nada que hayas detenido con sigilo
conserva nombre
la destrucción será infernal como los pupitres
sobre los que aprendiste el péndulo

no hay destello en el odio
-alcanza con el fuego-

la luz es un plagio siempre

domingo 21 de septiembre de 2008

Revista Grifo (Chile)


Acceso al PDF de la revista Grifo n°12, Chilena
de la Universidad Diego Portales


CUENTOS INÉDITOS PABLO RAMOS & VALERIA TENTONI

En esta ocasión, además de entregarnos el relato
inédito “Castañas asadas”, Ramos nos presenta el trabajo de Valeria Tentoni (Bahía Blanca, 1985), joven narradora argentina y tallerista de Alberto Laiseca, designada recientemente por el diario “Crítica” como una de las promesas de la narrativa argentina Sub 25. Para esta publicación, Ramos señala de Tentoni lo siguiente: “Con Valeria me une el mismo amor y la misma pasión por la literatura. Me une también el mismo espanto. Entendemos la literatura de la misma manera, la sentimos con la misma fuerza. Lo aseguro. La presento acá como una gran posibilidad de la nueva literatura argentina. Valeria Tentoni, creo que 22 años, estoy seguro que mucho talento”.



CASTAÑAS ASADAS. Pablo Ramos.

"Es un negro de más de sesenta y cinco años.Cuando digo más, me refiero a mucho más.
Rengo, tanto que en una primera impresión a uno le parece que tiene una pierna de palo.
Pero no, tiene las piernas normales, y la cadera estropeada, porque una vez, hace tiempo, no sé si mucho o poco tiempo, se cayó de un coquero. Más de veinte metros de caída en los cuales, me dijo (y más o menos entendí, en un portugués cerrado), trató de darse vuelta como hacen los gatos para caer de manos. Apenas lo logró, y los huesos se le hicieron astillas y polvo. Por eso es tan rengo, y supongo que por eso parece más viejo de lo que debe ser en realidad. Y ahora, negro viejo, barba blanca, hueso en polvo, prótesis, bolso y bastón de madera son los elementos que componen al jardinero de la casa de mi suegra, en Salvador, Bahía..."

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LA PROYECCIÓN DEL DESASTRE. Valeria Tentoni

"Sus ojos, en rigor, no estaban en eje. Eran apenas una anarquía de lo simétrico. Pero ése no era el único desgobierno de su rostro; contribuían a sus señas particulares una nariz de convexidad filosa, y unos pómulos prominentes y esquivos a toda redondez que se pretende como primer golpe en una joven de su edad. Pero era hermosa. Tocando el piano, era hermosa. Marcos la miraba girar en el taburete, sus pies flotaban en círculos, con
una velocidad que amenazaba con arrancarla del suelo, levantarla como si sus pies de un momento a otro se fuesen a convertir en hélices...."

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viernes 19 de septiembre de 2008

Entrevista para el Periódico Ático, Bahía Blanca.

ENTREVISTA A UN HOMBRE CUALQUIERA: GABRIEL SCHULTZ

“En la tele me siento un invitado; la radio me da la sensación de que estoy en casa”, confiesa Gabriel Schultz, un hombre de medios que empezó trabajando en radio, ganó reconocimiento en televisión, y hasta ha incursionado en el mercado editorial con dos volúmenes de las “Máximas de un Hombre Cualquiera”. El periodista cada sábado presenta informes desde TVR, y todos los días sale al aire desde Basta de Todo –radio Metro- junto a Matías Martin. Un auténtico trabajador de los medios de comunicación masiva, contrasta con nosotros radio y televisión.

Nota sigue [Acá]

Entrevista para el Periódico Ático, Suplemento Cultural Nexo, Bahía Blanca.

Matemática Feliz

ENTREVISTA CON EL MURCIELAGO

Á: ¿Cómo fue entonces que te sentiste cómodo en la música?
MGO: Me pasó de chico no tener vergüenza de tocar. Tenía si vergüenza en un montón de cosas pero no cuando hacía música. Aprendí de chico en una academia. Ya a los nueve años, organizaban recitales y me sentía bien cantando canciones. Hasta ahí era todo un juego, pero empecé a estudiar más seriamente con Luis Pesce, un gran concertista. Y después el secundario; fue rarísimo notar que cuando a mis compañeros les empezaba a gustar la música yo ya sabía tocar, y comencé a ganarme mis primeros aplausitos, a armar temas míos. Tocaba covers y como no me los aprendía del todo, arranqué a componer...

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www.periodicoatico.com.ar

sábado 13 de septiembre de 2008

domingo 7 de septiembre de 2008




"I can do that too, Pollock"
Acrílico sobre bastidor

sábado 6 de septiembre de 2008



"Variaciones sobre eje en negro", tríptico.
Acrílico sobre b
astidor


viernes 15 de agosto de 2008

Nota Revista Paula, Chile

Por Rodolfo García


"¿Qué es
La Quetrófila? Nadie lo sabe bien. De hecho sus fundadoras, tampoco lo tienen claro. Valeria Tentoni, Marian Lutzky y Ximena Venturini se contentan con explicar que por lo menos es ‘la’ y no ‘él’, el nombre de la revista independiente trimestral que lanzaron en diciembre de 2007, y que vinieron a presentar la semana pasada al encuentro En Medio de la Cordillera, organizado por los poetas chilenos Víctor López, David Bustos y Ángel Valdebenito, en el Observatorio de Lastarria..."

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miércoles 6 de agosto de 2008

Lecturas en el Pacha




Leyendo a tres voces con Juan Diego Incardona y Federico Testoni en el Centro Cultural Pachamama, verano 2008.
Cuento de Juan Diego Incardona.

martes 5 de agosto de 2008

Textos leídos en San Felipe, Chile


Leído el sábado 2 de Agosto de 2008, en la Sede UNCO -Unión Comunal de agrupaciones Culturales- San Felipe, Chile, en ocasión de presentar la revista La Quetrófila junto a Marian Lutzky y Ximena Venturini,
presentadas por Felipe Moncada Mijic.

100708

hombre y tu barba enardecida

una constelación de entelequias

de pesos abandónicos

un jirón de incendio en carnaval

tu cuello, lo que ha restado en blanco

tu barba de incordios un salmo demente

*

al principio de la oscuridad que en un gesto te habita

la longa procesión de maestrías

de género convulso y constrictor

una insistencia marchita un colgajo de muertes arremolinadas

tu barba como la ilustrarían en próceres, en vikingos y en jinetes

tu barba de medio siglo de muertos en batalla

una construcción de miniaturas en fila india

una madeja de mimbres enternecidos

una corona de soplos dejos, un vendaval tu barba

*

¿dónde terminamos, hombre?

¿dónde termina tu cuerpo?

¿cuántos colores te germinan sobre el cuenco que se te dio por llamar boca?

*

una barba profusa, conteste, indeleble

de ritos de insomnio

de velas en noche

una barba navío un barbado navegante

*

una muchedumbre de sauces llorándote en la cara

marchitos, confusamente nuevos en su vejez de sierpes

una barba viperina, lenguada, intempestiva

un entramado flotante sobre los gestos que te esconden en el huerto

-aquellos que fuimos mientras todavía estaba tibia la cama-

una barba cometa, barba rumiante

mástil

una apuesta de sismo sobre vientre desnudo


A Borges

no vayas

a reclamar tu parte en nochebuena

a compungir a tu madre justo cuando llegue de la peluquería

con la tintura estrenando cromatismo

no petrifiques a los muertos en fechas

no

deslumbres de muerte mientras vivo

hay

un sigilo al que deberíamos estarnos atentos:

la composición del estigma no puede

disculparnos sin juicio

vamos a caer en las garras de los aljibes y

llovernos de tristeza algún día,

quizás en julio

no vayas a equivocar el trazo en el quinto movimiento

de Chopin

serás un anacoreta o

mejor

un arlequín a sueldo

de la memoria de tus ancestros, un remilgo

apenas un muestrario de caos un

silencio de cementerio público

un mortero

una guadaña

la concuspicencia imberbe

la alegoría del tiento

pero

jamás tu sombra ni aquello

que te devuelva el espejo

acaso el terror nos adormezca

una mañana de verano y sin embargo sé

con una seguridad de siglos

que voy a parir tus hijos

y vas

a confiscarme el vientre

como

si tuvieras derecho a envejecerme

sin jamás

pedirme disculpas por aquella

intermitencia

no tendrás por asombro una mueca sino

el desvelo del zorro

no tengo más que estas uñas

intentar escribirnos con la biblioteca

alzándose a mi diestra como un mausoleo

los nombres que gimen desde los lomos en oropeles

han sembrado por causa mis dos y ambas manos que tintinean sobre las teclas

no me disculpan los malos poetas siquiera

que se diluyen entre el gentío de autores

conversando de estante a estante

sobre los estetas y las durmientes

quizás

alguno se compadezca

quizás

me tome en estima Borges

muerto de risa –una risa sin ojos, una carcajada vaída, añeja-

y se sonría levemente si intento el Gólem

si retruco sus lánguidas convexidades con apenas

estos retazos de música

quizás sospeche que cuando camino desde la facultad

y las calles se convierten en las galerías del amenazado

abrazo las columnas de la que fue su casa

y huelo hasta el vértice de su puerta

para intentar la estupidez de contagiarme

por lo menos

cuando diseñe un símbolo

o finalice una estrofa

olvidarte, Borges, sería

por caso un atajo

pero no vaya a ser

que alguno de mis muertos

se arrepienta por darme estirpe

no vaya a ser

que las amapolas se me derritan en la ventana

ni aún darle un punto final a este poema

porque soy tan cobarde, Borges

tan niña:

quisiera que lo sepas

a la hora del juicio.

Textos leídos en la Fundación Pablo Neruda, Valparaíso


En ocasión de presentar la revista La Quetrófila, junto a Marian Lutzky y Ximena Venturini,
en el auditorio de la Fundación Pablo Neruda, La Sebastiana, Valparaíso, Chile,
el jueves 31 de Julio del 2008.

Bis


nada que hayas detenido con sigilo

conserva nombre

la destrucción será infernal como los pupitres

sobre los que aprendiste el péndulo

no hay destello en el odio

-alcanza con el fuego-

la luz es un plagio siempre


Insomnio segundo

transcribir lo oceánico de esta noche sería

de una verborragia inútil

estarás dándole de comer clepsidras en la boca

y yo

en plena madrugada

hilvanando plagios

habrás pecado de buen hombre ya,

cinco veces al menos,

recordándome

mientras le besabas los hombros

podrás, claro, remendar este deshielo

¿pero y aquél?

¿cuál es

el pentagrama

del hastío?

A mi Lutzka


ella siempre tuvo mal de astros

era una diadema sin cascabel ni nuca que soporte trenzas

una entelequia, mi corazoncito de perlas muertas,

de movimientos contestes,

un pentagrama de sus uñas,

una diatriba contra nadie

contra La Nadie misma

un xilofón de esdrújulas,

un compendio de salitres, esperando la lluvia

para diluirse en lunas en cuarto menguante

y ser fugaz como el estornudo de un niño

esa última respiración veloz de la noche

tuvo un aljibe por alma y terminó de baldear la vereda

con coágulos infectos de mirra

vomitó todo el aserrín y germinó poesía

le nacieron madreselvas en la espalda,

por alas en carne viva

mi corazoncito de libélula, mi estalactita diamantina

¿quién va a cubrirnos esta noche con almíbares,

quién a calibrar el hastío,

quién?

te veo zarpar hacia las nubes, corazoncito

te veo ser nube también

Cuento leído en la Universidad del Desarrollo, Santiago, Chile


Cuento leído el martes 29 de Julio, en la Sede Lastarria de la Universidad del Desarrollo, Santiago, Chile, en ocasión de presentar la Revista Literaria La Quetrófila.

Este texto salió publicado en la última edición de la revista Grifo, de Chile, en la sección Gotera, junto a un texto de Pablo Ramos.


Textos leídos en el CCAbasto, Valparaíso

Lectura en el C.C. Abasto, Valparaíso, Lunes 28 de Julio de 2008
Presentadas por Enrique Winter

03708

Hundirnos en la tarde.

Nombrar Babilonia como si

supiésemos, apenas nombrando, Babilonia.

Ser estúpidos como gaviotas, ser

nuestra propia tarde.

Hundirnos en Babilonia como si

no nos fuera exactamente a la inversa:

Babilonia hundiéndose en nosotros.

La tarde estúpida nombrando una gaviota.

06708

Como si todavía me restasen álgebras en la boca

escupo un bostezo a media mañana.

No hay péndulo capaz de degradar el círculo

-ni siquiera una videncia, un arrumaco de la suerte-.

Tengo la mañana encima

como un galeote de lana,

y me pregunto dónde esconden el invierno

los que lloran.

Pienso

(o ignoro)

no hay estupidez más lúcida que la juventud.


CUARENTA HIJOS

Los vientres van muriendo en fragmentos.

Nos abandona

primero: la sangre

Luego los nombres de los hijos que no hemos tenido,

que soñamos con algún par de ojos en una cama desarmada.

Los nombres que ensayamos en muñecas de plástico.

anudando cintas de seda rosa a un recuerdo enmohecido.

Pensamos Jazmín para hijas con pelo lleno de sortijas.

Nombres que imaginamos puestos en nosotras mismas de niñas

viéndonos entrar con una herencia compartida pero nuestra.

Como los silencios que nos guardamos en el estómago

la sangre que nos llueve anunciando la herida

-como si hiciera falta reiterar el quiebre, subrayar la demora-

y esta madreselva que llevas como liendre, me preguntas,

¿dónde termina?

Pensé cuarenta nombres para mis hijos

Y a todos he llorado el día de mi menarca

Cuando comprendí que los estaba gestando a mis cuarenta hijos arlequines

A mis cuarenta hijos ancestros de mis muchos nietos.

A mis cuarenta desdichados hijos

De los que he parido ninguno.

Y cuando mi padre me acunaba

Silbando duerme duerme negrito

Olvidó prohibirme a mis cuarenta hijos.

Y entonces los tuve en cada esquina

Arropados en celofanes raquíticos

Con ojos impresos a una tinta

Con dedos tan pequeños en sus manos que una podía pasar la eternidad descifrando la velocidad de su crecimiento.

Y en cada hijo he clavado mi mueca

Como una bandera

Y sé que hoy andan por ahí, mis cuarenta malparidos

Anunciando de mí apenas un destello

Esperándome en cualquier vientre

Para que pueda beberlos

y luego

morir de soledad.


miércoles 23 de julio de 2008

Poemas en Palabras Diversas

Publicados en la Revista Palabras Diversas, n°11
Sección Los Novísimos
*
Conjugación

Todo se conjuga en una tibia mañana;
tu boca,
el pálido estallido de mis muslos,
el piano y los acordes de tus manos,
el error de la poetisa,
la cóncava espera de la noche.

Yo ¡jamás! pretendí tanto.
No sabía que los rieles iban a dejarme en tus estepas


*

¿De qué color será la sangre?
Nos preguntamos, jugando con una navaja
hecha de jotas.

Qué estúpidos.

*

Dame un puñado de cosas desnudas
Para que pueda vestirlas de fiesta;
Una camisa, una mesa ratona y un alfiler
Para sujetarte el horror, cerca del pecho.

*

Y me vas a pensar niña, encerrada en un sopor de mediatarde
destejiendo la abúlica costumbre de empaparme de esperanto
para confesártelo todo, retazo de mi piel,
astucia de desvarío.

Y vas a ser casto al momento de soñarme
-sólo para paralizar el descrédito
de mis ojos profundos y elocuentes de lascivia-.

Yo no creo en los tormentos de los días
confío, por ahora, en los encierros de la noche.

*

Poesía: La Vecina

Publicado en Revista

El Hombre Sin Sombrero N°2

La Vecina

Abro el portal para ver quién llama

Se me aparece radiante una chismosa con espuma entre sus dientes
Su voz de chirridos taladra mi empacho de media tarde
¡Silencio, maldita usurpadora de horas de la siesta!
¿Será que tiene algo que confesar, la brava vecina?

Comienza una historia que deshilacha con sabor a menta
De cómo dos amantes furtivos se acorralan mutuamente
En la esquina de mi misma cuadra
Acusa a la libido de toda esta parafernalia
¿Será el sol del otoño crujiente de hojas secas?
¿Será el templado bramido del paso del tranvía?

Serán las llaves en la mano, que tintinean cantarinas
Buscan una melodía a la que nunca llegan
Se esconden en la quietud de la mesa plana
Y allí reposan, cerca de la pava
Que ya comienza a perder temperatura.

La lava verde sube por la bombilla
Y la vieja chismosa con aliento de humo
Despide una injuria.

Señora, es hora de que vuelva a su casa
A sus repasadores con acento de lavandina
A sus picantes rellenos de empanadas caseras.

La mujer se aleja por el pasillo sombrío
Al que sólo se anima a dar luz una claraboya en lo alto de la puerta.
Amasa con su taconeo los azulejos raídos
Que despintan su huída.

Y el soplo bebe la cortina de la ventana,
Y la hace flamear un poco
(sólo un poco)
Con una levedad imposible.

Miro hacia fuera y descubro a los amantes,
Sonrío.
Me da lo mismo que sean ellos o que seamos nosotros.

Lectura Los Mudos


Leído en el Ciclo Los Mudos,
mayo 2007.

LA OTRA DIMENSIÓN DE LA MONSTRUOSIDAD O EL LADRILLO CIRCUNFERENTE

Desde una esquina espasmódica se acercó una nube tirana, humeante. La envolvió, ella se sentía de pie pero realmente estaba flotando. Dejó de latir la pared azulina, y despidió un ladrillo circunferente, que ella esquivó. El ladrillo tenía una vibración en sí, y zumbaba en la habitación como una mosca. A ella ya le empezaba a estorbar su sonoridad intermitente. Pero no sólo tuvo que cubrirse las orejas sino también empezar a escaparle. Comenzó su odisea, con movimientos poco ágiles, estaba como atontada, y toda era torpe. Se escondió en un altar verde musgo, cerca del techo de paja. Allí le rezó a todos los dioses, pero con poca esperanza.

Entonces se decidió a huir. Retomó el camino y se abalanzó al piso. Pero no cayó, sino que comenzó a desaparecerse. Primero y sobretodo, se difuminaron sus uñas. Luego todos sus componentes óseos, y se convirtió en una masa amorfa, puramente gris. Se descubrió desnuda, seguramente tuvo algo de vergüenza. El moscardón vibrante seguía allí.

Memé apagó el despertador con un manotazo. De alguna manera descubrió que durante su nocturnidad se había desnudado sola, su pijama revuelto desparramado en dos piezas entre las sábanas, perdido en el fondo de la cama, abollado. Se cambió, sonrojada, debajo de las mantas.

Con la punta de su dedo gordo buscó las pantuflas. A cambio, sintió que una materia gélida contactaba su talón. Era algo de una consistencia menos espesa que el aire, pero ella podía sentir su fuerza en la tensión al intentar el retorno de su pie a la seguridad de su cama. Como si tuviera un peso encima de su empeine. Pateó el elemento. Se atemorizó de una manera extraña.

Tardó aún un momento en reaccionar al sonido. La misma persistencia vibrante que en sus sueños le taladraba los oídos. La sentía surgir desde debajo de si misma. ¿Seguiría soñando? ¿Sería todo parte de una gran pesadilla?

Se refregó los ojos. Estaba definitivamente despierta. Se le ocurrió que quizás un elemento onírico se había colado en su vigilia.

Resuelta, descendió de su altura y apoyó firme los pies. Sus plantas desnudas se aplastaron en el suelo de azulejos. No sintió ya ese frío, pero el zumbido persistía. Su cuerpo empezó a empaparse de ese susurro, sus extremidades se empezaron a desdibujar en gestos torpes. Estaba mareada, nauseosa. Se asomó a la ventana, quería buscar cómplices. Nadie. Nada. El cielo se debatía entre un azul luminoso y un violeta que le daba tinte a un grupo de nubes ovaladas. Se apresuró a llegar a la cocina, quiso ver si el sonido provenía de su heladera. La desenchufó, colérica, y al ver que no se detenía, comenzó a recorrer todas las instalaciones eléctricas del caserón. Arrancaba los cables, demente. Se detuvo cuando vio que nada de eso lograba el efecto buscado. ¡Silencio! , comenzó a gritar, con un timbre agudo como el de una urraca. ¡Silencio!

La agitación diafónica se escurría por todos los poros de su entorno; venía del techo y del suelo a la vez. Ese gemido intermitente de ondas sonoras se le hacía un mar embravecido, omnipresente. No supo si taparse los oídos o echar a correr. Comenzó a resbalarse y a perder verticalidad. Se desparramó en el suelo, y empezó a girar sobre sí misma, como un trompo. Sus piernas se disparaban en direcciones aleatorias, había perdido dominio de su cuerpo todo. Se arrastró hacia una mesa ratona, y se tomó de una de sus patas, sólo para poder asirse de algo, y recobrar noción terrenal. En vano. Su boca ya echaba espuma, sus ojos dejaban escapar lágrimas de sangre. Sentía que todas las venas de su cabeza latían al ritmo de ese silbido diabólico. Esperaba que en algún momento algo estallase. Dejó caer su rostro hacia un costado, apoyado en el piso. Todo temblaba, presagiando un derrumbe. Reconoció a su viejo tocadiscos, alguna vez ubicado en esa esquina como adorno, como recuerdo anacrónico de melodías retumbantes. Como pudo, dirigió sus manos al interruptor. Una luz naranja presagió lo que alguien ya había pintado antes de que yo escriba. Ignoró el vaticinio.

Comenzó a rodar el disco de pasta, negro como el infierno, con una levedad incomparable. La punta de la púa dibujó los primeros acordes. Subió el volumen, rodando la perilla, pretendía esconder al vibrante moscardón de sus oídos. Comenzó una sinfonía, un concierto de clarines, violines, triángulos, bajos y contrabajos, tambores, pianos, quizás dos. Un clarinete desafiaba la velocidad del sonido. Había una varilla violenta ante todos ellos, había un hombre de traje negro eufórico, que hacía música con todos sus gestos. Frente a el, una multitud de engranajes, soplados, golpeados, acariciados en sus cuerdas. Todos al unísono haciendo los parlantes del viejo tocadiscos tronar hasta el temblor. Un adorno de porcelana comenzó a deslizarse sobre la mesa, en dirección al vacío. Cada trombón le hacía saltar un paso. Cayó, despidiendo infinidad de filosos desperdicios.

Pero ni esto pudo contra el maldito moscardón. Memé sentía su presencia, constataba su helada insistencia, con lo que le restaba de sentido. Decidió salir de su casa, y se agazapó con urgencia. Sus pies ya tampoco le respondían, y los despabilo golpeándose la cabeza contra una pared, haciendo que una pintura de verdes fulminantes cayera, azotándola en la frente. Nada pudo detenerla, y logró erigirse. Su cuerpo se fue hacia delante, y manoteó el picaporte de la puerta de entrada. No podía soportar más el histérico vaivén de esa miserable sinfonía, pero aún menos el todopoderoso sonar que la acorralaba en su demencia.

Hacia la calle, pudo observar por un instante a la gente, y la encontró recorriendo sus cotidianas normalidades. Nada parecía sobresaltarse. Cerró la puerta tras de sí, sin llave, y se apoyó en una columna. Esperaba el silencio. Pero no sólo nada se detuvo sino que comenzó a acrecentarse, ya podía sentirlo dentro de sus huesos.

Tomó por el cuello del gamulán a un transeúnte, y le pidió ¡Ayuda! ¡Silencio!. El hombre, aterrorizado, la empujó y la abandonó en el suelo, en la acera hirviendo al calor del mediodía. Memé comenzó a correr, con una velocidad estridente. Sus pasos ya no reconocía, pero podía advertir que estaba avanzando. La vibración iba devorándola como un caníbal en celo.

Llegó al puente, decidida al suicidio líquido. El cielo transgredía el arco iris, y se dejaba ver en tonalidades ambarinas, coloradas, y humeantes amarillos. Parecía lenguas de fuego, y Memé hasta pudo descubrirle rostro. Ella ya había perdido todos sus cabellos, y con sus manos se arrancó los últimos que le quedaban. Sus pupilas tintineaban, rebotando en sus globos oculares. El infame sonido lo corrompía todo. Sentía gritos y gemidos, desafinaciones, sobre un fondo de truenos, oía quizás una voz femenina, como una ópera en constante agudo. Ranas croando, búfalos, estampidas de todos los animales a la vez. Quiebres, rasgaduras, espantos de vidrio. Vientos, cataratas, rompientes en acantilados cóncavos y desoladores.

Todo esto sintió retumbarle en el cuerpo. Emergió de ella misma un grito catastrófico, con el volumen de todas las eternidades a la vez, con un eco que detuvo el espacio y el tiempo. Se llevó las manos a los oídos en un último intento fútil. Todo se detuvo. Ella también se detuvo. Hubo silencio.

Un hombre levantó el pincel de su último trazo.

Lectura en Bahía Blanca


Leído en el C.C. La Lechuza, Bahía Blanca

Junto a Milton López, Clara Di Dio, Matías Salazar y Diego Enrique

en octubre de 2007

*

MUJER, Y TU TACONEO


Mujer, aquí me tienes, preso de los efluvios de ensueño que dispara tu recuerdo. Con tu perfección imperceptible, ya caminando hacia mi, hacia mi estado, entre dormido, delimitando mi imaginario, con tu pelo largo y tu paso de asteriscos. Hace poco más de media hora que huiste, dejando la huella de tu peso todavía en el colchón, y con el sudor de tus pies has marcado el suelo, y puedo ver a contraluz, la huella de tu abandono. La persiana aún cede algo de nocturnidad anacrónica, todavía no es total la miel, la punzada de fosforescente palidez que escupirá cuando le ice, como a una bandera de escuela primaria.

Aquí dentro creo que puedo tolerar la demencia de comprenderte, de saberte, de olerte, y de sufrir tu lejanía, a la vez, al mismo tiempo que glorifico tu ausencia. Pero, ¿Y afuera? ¿Y los otros? Pobres de ellos, quienes deban soportarse ajenos a tus azahares, a la tímida curva que hunde un collar de perlas falso tras tu cuello.

Allá fuera, andarán todos enloquecidos. Ya imagino, que las nubes ofrecen ceder su altura, solo por rozarte. Y las damas de sacos de piel mestizos se estupefactan al caer tu taconeo en los azulejos quietos, azulejos tímidos que sólo esperan ese derrumbe de madera forrada con cueros manoseados de pisos, de veredas con humos de alquitrán, de cenizas de muérdagos en las esquinas, de misas pesadas y lúgubres, de caserón desvencijado. Con esas botas que te llevan para donde tus ojos, dirigbles del demonio, que apuntan y disparan sentidos, ese paso tintineante, como de calcios y azufres, como de líquido; como si para ti fuera fácil todo eso, todo lo de andar partiendo la tierra con cada esquina, dividiendo Buenos Aires en dos; la que anduviste y la otra que no. Y los hombres voltean a esa marcha tuya, que sacude todo lo que resta de tu suerte corpórea, cuando el suelo se abrocha a la fuerza de gravedad bamboleando tus senos, tus senos, tus senos…

Mujer, que pareces no tomar conciencia de la efervescencia de tu ritmo, del candombe filoso que describes con tu huella, de los rostros que voltean y las lanzas que te sacuden desde todas las libidos. Mujer, que despiertas a los lascivos de sus abstinencias, de sus promesas a los fieles y castos, que desplumas la ciudad con tu quejido de cuero, con el rechinar de las plantas de tus pies contra el asfalto.

Y que abandonas mi guarida, describes la huida transformando el portal en mi enemigo, y me dejas en silencio así, tan siete de la mañana, sin desayuno. Que me has ofrecido anoche mismo, en esta misma sala, congelada de invierno, tus botas para que te desnude los pies, esos pies tibios y mínimos, esas estacas de tiento, que fuiste acampando tu cuerpo por toda mi casa. Y que luego el resto del cuerpo, pero para mí sólo tus pies, desperdiciando mi aliento sobre la visión de su enredo en los míos, y yo podría haberme acercado a verlos, más de cerca, con más detalle, pero no quise asustarte. Y ahora dudo, si tenías las uñas pintadas, si los rodeaba una trenza de claveles, una corona de jinetes sin caballo, el olor de una pista susurrada como un secreto, para que yo te siga luego, mujer, a donde sea que vayas. Y entonces así como así te fuiste, a seguir haciendo sonar tu sonrisa que llevas en andas.

Y vuelvo sobre una palabra, y empiezo la descripción con mi recuerdo, y te veo entrar así, haciendo tronar los suelos, mujer de tacos altos, felina y boa a la vez, te arrastras con ese cantar, con esos pétalos, vas bailando con miriñaques de algas en mi comedor, mientras te sirvo la cena, mientras te quejas por algo a lo que no presto atención. Y pongo algo de jazz, y Billie Holiday te hace danzar todavía con más furia, y entonces no tolero tanto y apago la música, para sólo escuchar lo que queda de tu taconeo sonoro, acoplado al ritmo anterior, como un resabio de magia incierta, de minúsculos arquetipos de la felicidad, verte bailar así y que ya nada signifique, verte alejarte así hacia la ventana, mirar hacia fuera, como si la gente también tuviese que estar bailando, como si la música que oyes fuese para todos. Y esta mañana recordarás una pieza, y tararearás acaso la canción que elegí para ver tu zamba, mientras te sirves un café triste y espeso, para despabilarte acaso. Y sonreirás pura y simple, como el pan o como la leche, y serás infinita, o serás puente. Cumplirás un horario, luego cederás tu puesto, para que otra, con menos cintura pero más caderas, sonría boba una amabilidad de ciervo. Y escaparás a la plaza, para almorzar con las palomas, que devorando restos te harán sentir menos sola, más estatua, mujer, glorificando aquellos pies que descalzas, que han sufrido la corrección del cuero, que dejas llorar sobre un pasto verde y superpoblado de hormigas, que en vez de picarte te besan las uñas. Retomarás la cadencia laxa del traqueteo, y volverás a casa.

Y entonces te verán todos pasar, y yo estaré celoso de su visión desde esta esquina, en la que acomodo sensaciones. Y de nuevo tu rítmica quebrada, de nuevo esa sonrisa y ese tarareo. Mujer y todo lo demás te desea, tu intermitente peso en las calles, toda en el suelo, toda en el paso que dibujas. De a uno por vez y qué daría por verte saltar, y caer a la vez con ambas plantas, aplastadas al unísono, una seguro un momento luego de la otra, con la exactitud de una lagaña. O quizás caminar con tus manos, en vertical, y verte los pies flotar así, en el aire así, siempre así y ser tu propia viceversa. O mejor aún, invitarte a una plaza, y convencerte a una hamaca, y observarte balancearte en ese vaivén pueril, y mirarte los pies cansados reposar colgados de tus rodillas, que de repente son parte de tu gesto todo, y te reirás niña y pedirás chocolate.

Pero no será esta tarde, y seguirás tu camino haciendo escombros la urbe, en terremotos ínfimos, y todos sentirán su olfato y sus manos atraerse a vos, con la fuerza de los imanes, pero por supuesto ninguno cederá, pondrán cara de circunstancia, como si tus piernas no se apoyaran en sus longitudes sobre esas ruedas del cielo, que son tus pies, andando siempre, a tu capricho, mujer, dueña de todos los espejos, de todos los cetros, de todos mis martirios.

¡Mujer, por Dios, quédate quieta!

Lectura Chileno-Argentina

Junto a Guido Arroyo, Chile.

Capítulo 23

de El Sistema del Silencio

Fue leído en febrero de 2008 en el C.C. Pachamama

Lectura Chileno-Argenta

*

Aquellos primeros meses sin Clara lo sorprendieron. La soledad era un estado que él había imaginado glorioso, pero comenzaba a pesarle. Los muchachos lo visitaban todas las tardes, y habían establecido un sistema de turnos para no dejarlo solo. Aníbal pasaba largos minutos callado, atrasando respuestas a las preguntas de sus amigos “¿almorzaste hoy, Aníbal?” “¿necesitás algo?” “¿tenés dinero?”.

La pensión de Clara llegó a los pocos meses, y si bien era una suma escueta, alcanzaba para que Aníbal sobreviviera. Cobraba en la primera semana de cada mes y no tardaba demasiado en diluir aquella liquidez en botellas.

Pasaba las noches sentado en su mesa del bar de Alvarado. Llegaba puntualmente a las diez, y permanecía hasta que cerraban. A veces Jorge y otras Lanzetti, lo acompañaban. José sólo aparecía los domingos, porque era el día que su mujer le daba permiso, sumado a los jueves de pócker.

La mayoría del tiempo hablaban de política o de noticias, comentando con una euforia decreciente hasta que los mozos empezaban a levantar las sillas y ponerlas sobre la mesa, invertidas, señalando la despedida.

Después, era siempre igual. Las calles vacías en la noche del barrio, las columnas de árboles en paralelo, asomando una lógica difusa, las baldosas grises y acanaladas, el rocío de las humedades que había dejado el día flotando en el aire. El paso blando y flojo, equivocando la línea, apoyarse apenas en algún poste de luz. Haber rechazado el acompañamiento de José, o de Lanzetti, decir que podía solo, que era un nene grande, y conocía el camino. Abrir la puerta de entrada confundiendo las llaves, retomar el aliento en aquél escalón de mármol, finalmente entrar a la casa, tan vacía como la noche afuera, y preguntarse por milésima vez, si no era mejor para él dormir en la calle, acompañado, por lo menos, por la luz de los fluorescentes sobre la acera, por el lejano derrapar de algún piloto, por el ladrido de un perro, o la cercanía del amanecer, pujando desde el fondo del horizonte, allá, donde los techos de zinc terminaban su trabajo de escenario y dejaban ver el cielo.

Luego era la cama vacía, nunca armada, las sábanas sucias; dios sabía hacía cuánto las había cambiado por última vez. La mesita, aquella lámpara de bajo consumo, los voltios amarreteando luz sobre un portarretratos donde una pareja joven jugaba con una niña, el ánimo de dormir y ya no despertar, esas ganas abrasivas de morir, esas ganas impertinentes de morir, que le atacaban sólo de noche, en esos momentos en que su cuerpo finalmente cedía y se dejaba dormir, abandonado su peso sobre el colchón, hundiendo su peso sobre el colchón, como si quisiera perforarlo y caer, simplemente a un pozo, que luego alguien –porque siempre alguien iba a hacerlo- taparía de tierra húmeda con una pala, hasta que alguien –porque Ofelia siempre iba a volver- clavase una cruz sobre aquél espacio y nombrara su muerte, como si hiciera falta decir la palabra para que finalmente existiese, o dejase de existir.

Y entonces estaría cerca de Clara, pero no de aquella que había abandonado cuando joven, despidiéndose en la puerta camino al club; ni de aquella que había dejado morir lentamente en una cama, en esa misma cama, por dios, Clara había muerto en esa misma cama. ¿Era esa cama, entonces, su asesina? ¿Iba a atacarlo a él también? No, no a esa Clara, sino a la mujer que también hubiese sentido ese mismo cansancio, ese mismo abatimiento, esa velocidad en el alma que a uno podía llevarlo a desfallecer de miedo, pero nunca matarlo, porque la tristeza no mata, no, es todavía peor que morir, estar triste, decía a sus amigos, repetía siempre, como si hubiese encontrado la manera de descifrar aquél embrujo. La tristeza era todavía más abrasiva, era un estado menos humano que la tentación de muerte. Era una daga sin filo que se conformaba con amenazarlo, era un acantilado silencioso en el medio de un desierto; no, no iba a dejarse morir, sólo porque todavía no había sido tan humano, ni tan entero, ni tan valiente, como para merecer aquél premio. La muerte podía ser el exilio más dulce, pero todavía no; ¡¿cómo equipararse a Clara?! No podía ser que todo mundo terminase en el mismo lugar, cuando habían cometido imperfecciones tan disímiles. Él mismo no podía merecer el mismo destino que su esposa, ella, con su luminosa imagen en el recuerdo, y él, tan vivo todavía, tan repugnantemente vivo revolcándose en la cama que ella había elegido para hundirse. No, la tristeza era todavía algo menos tangible y más corrosivo, era como estar en el medio de un desierto, o de un laberinto hecho de millones de puertas, abiertas, por las que uno entraba y salía a un cuarto con más puertas, y así. Lo desesperante no era que las puertas estuviesen cerradas, no; el peligro no residía en la falta de llave o en el error de combinaciones, sino que cualquiera de las puertas estaba abierta, y esa posibilidad de tránsito era lo desesperante, esa capacidad que tenía de ir entrando y saliendo, sólo hacia un cuarto con más puertas, hacia otro con más puertas, hacia otro con más, y más. La tristeza ¡ojala! Pudiera detenerlo en un único umbral. ¡Ojala pudiese elegir por él un único velo sombrío, un único terror! Pero no, era ese el acierto del mecanismo; enloquecer sin permitir detenerse, era esa la llave de angustia; el tránsito. La voluntad de continuar abriendo puertas y pasar por infinidad de cuartos. Esa voluntad que permanecía por debajo de la tristeza, esa invencible fuerza que acompañaba todo el proceso y hacía circular la angustia. Porque no era cierto que en la tristeza se perdiera la voluntad de seguir, que era el obstáculo más grave con el que se enfrentaba el sufriente, esa voluntad, incontestable, que esquivaba el suicidio con la destreza de un torero. Lo grave no era entonces, la cercanía de muerte; lo grave era la imposibilidad de decidir por la muerte. Lo grave no era aquél terror, lo grave era lo interminable de la tristeza.

Y luego el alcohol recorrerle las venas, como si un navío oxidado tuviese la fuerza todavía para vigilar las costas, sus venas como puentes enredándolo todo, manteniéndolo vivo a pesar de la noche y del silencio y de los perros a lo lejos.

Cuento: Fábula de Doña Elisa

Cuento publicado en la revista No-Retornable
Sección Cuento, Mayo/Junio 2007
www.no-retornable.com.ar

*
Fue leído en la Noche de Cuentos del Grupo Alejandría
en Abril de 2007
"La gorda Coca la vio desde la ventana pero no supo por un buen rato si era o no era. Sólo distinguía una figura que le parecía más femenina que de otro género, revolcándose en la acera mientras se tomaba con las manos el estómago, en una serie de gestos bastante difíciles de interpretar. Por momentos, parecía que esa sombra se entregaba a los estrujones; por otros, se notaba una suerte de resistencia. Pero Coca también pensó en que bien podía ella tener la vista cansada y estar mirando atentamente a un simple borrachín de los tantos que poblaban las calles de La Boca, y entonces qué sentido tenía. Pero mientras esa sombra tuviese un dejo de María Elisa, estaba resuelta a ser testigo clave de tal notable aberración..."

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Reseña Objetos Maravillosos

ANECDOTARIO MARAVILLOSO
sobre Objetos maravillosos,
de Juan Diego Incardona

(Editorial Tamarisco, 2007)

Reseña publicada en revista No-Retornable
www.no-retornable.com.ar

Juan Diego Incardona presenta a Juan Diego Incardona como el protagonista de una serie de historias; o más bien, de fotografías de historias. Nos da permiso para acercarnos, como si escondidos detrás de la puerta. “…Yo sigo hablando desde lejos, debe ser por instinto de conservación. Mi nombre es Juan Diego, soy el hermano de mis hermanas, soy el hijo de mis padres”...

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