sábado 21 de noviembre de 2009
domingo 1 de noviembre de 2009
Presentación títulos Manual Ediciones
se llevó a cabo del 30 al 31 de Octubre de 2009 en la Comuna de Coltauco, VI Región del Libertador Bernardo O´Higgins, Chile.
En el marco de la cumbre se presentaron los siguientes títulos de la colección 2009 de Manual Ediciones;
MALDITA GRACIA, Rodrigo Véliz
ATAR LAS NAVES, Enrique Winter
BATALLA SONORA, Valeria Tentoni
EN LA PLAYA DEL ABANDONO, Arturo Lafourcade
La editorial envía también los títulos en formato .PDF, escribiendo a: manualediciones@gmail.com
martes 27 de octubre de 2009
martes 15 de septiembre de 2009
lunes 14 de septiembre de 2009
Número I Revista El Monstruo de la Ría
Ejemplar Septiembre
Staff: Rosake, Molina & Tentoni
Colaboran en este número: Mux, Lutzky, Moncada Mijic, Cuenya, Sänger, Vallejo.
Entrevista a Griselda García

Por Valeria Tentoni
Fotografía gentileza de Griselda García
“Escribí mi primer poema a los 13 años en un shopping de Liniers. Había unos chicos heavy metal que se juntaban a escuchar música en una de esas máquinas de discos. Uno de ellos me recitó un poema y al tiempo escribí uno y se lo regalé. El era más oscuro que la noche y hablaba de muerte. Supongo que ahí comenzó mi mala puntería con los hombres”, estima. “Mis padres me compraban muchos libros cuando era chica, en especial los de la colección Elige tu propia aventura. Luego mi padre murió y heredé su biblioteca llena de libros sobre la Segunda Guerra Mundial. Me acerqué a los libros para acercarme a él”.
García asegura haberse corrido del yo que “todo lo puebla” en las primeras escrituras. “Al principio, los fulgores de la juventud me llevaron a shockear con determinadas temáticas. Pero más tarde preferí provocar un efecto estético a través de símbolos y guiños”, recurso que induce carcajadas cómplices en quien la lee o escucha. Y tiene que ver con el concepto artístico de la autora: “La idea fue siempre acercar la poesía a la gente. Al principio lo logré desacartonando el lenguaje y hablando con palabras sencillas. Creo que la poesía tiende al ghetto, en parte debido a la actitud de algunos poetas. Basta con ir a un ciclo de lecturas y escuchar durante cinco minutos: terminás odiando la poesía. Es muy aburrido, no hay un mínimo concepto de show, de espectáculo”, asegura.
La poeta trabajó como secretaria de redacción en la revista cultural La Guacha y, actualmente, es editora en Ediciones La Carta de Oliver. Por ello y su sed natural de lectora, muchos textos pasaron por sus manos: “Busco que un poema me vuele la cabeza. Quiero no entender, al menos no desde lo racional, en una primera lectura. Luego, que tenga un pie en la tierra y otro en el cielo, el equilibrio entre el delirio y lo prosaico. Intento evaluar si el material responde o no a cierta moda del momento o si por el contrario, no hay voces similares entre lo que se edita. Si éste último es el caso... ¡se imprime!”, cuenta, enérgica.
La suya es una literatura femenina en la extensión más alejada de la idea de Susanita que pueda pensarse. “Fui preguntándome, a lo largo de los años, qué es ser mujer. Los poemas tal vez fueron ensayos de respuestas”, señala. “Escribo desde mí, no creo que exista otra forma. Ahora bien, existe esta discusión sobre el yo del autor y el yo poético, que es habitual escuchar en algunos ámbitos eruditos. Pero el límite de exposición tiene que ver con la dignidad y el respeto a mí misma”.
Sobre Alucinaciones en la alfalfa (2000), uno de sus poemarios, la autora dice: “el título del libro surgió por algo que leí: los niños que jugaban en los campos de alfalfa durante el día, sufrían alucinaciones por la noche debido a la presencia de alcaloides en dicha hierba. Y para escribir poesía a veces hay que desenfocar la visión del ojo de la mente”.
A la par de su trabajo como editora, García brinda un taller literario: “Es una actividad que me apasiona. Un día sin alumnos tiene menos sentido. Pienso en ellos durante la semana y los acompaño cuando no tenemos clases”, dice. Soledad Castresana (Carneada) es una de sus alumnas: una autora de poesía que también es toda una extrañeza. Quizás por eso, son amigas.
Entre otros libros, García tiene publicados El arte de caer (Alicia Gallegos, 2001), La ruta de las arañas (Editorial del Dock, 2005) y El ojo del que mira (La Carta de Oliver, 2009). En su literatura se cifra aquello de la desfachatez, del juego y de la seducción. Todas las temáticas que aborda están signadas por un halo de femineidad que García ostenta sin tapujos ni disculpas.
Reseña Teatro: Cubículo

Fotografía gentileza de Juli Revólver
En un escenario despejado, con apenas tres puestos, alguien siempre queda de pié: Cubículo, que se presenta los sábados a las 22, puede bien describirse con la lógica del “juego de la silla”. Ana (Belén Sosa) y Satín (Florencia Inchauspe) son mujeres paralelas: el vestuario y las luces están a favor de la confusión de sus cuerpos. El Barón (Adrián Tórtora), un hombre joven, bello y de voz profunda, aparece y desaparece entre las sombras, en una tríada entre paternal y sexuada. Entonces aparece la palabra, la proyección del texto.
Minutos antes de dar sala, el director Eduardo Meneghelli (Bataille, Solo cuando muera, Madre de tela) le cuenta a Agencia NAN que tomó como base textos del escritor ruso Máximo Gorki. No es casual que “Gorki”, en el país más extenso del mundo, signifique “amargo”. Hay algo del orden de la angustia, del aburrimiento --que es también angustia--, del tedio y de la agresividad, que se narra de manera mosaical (al decir del filósofo Marshall McLuhan) a lo largo de la función. Porque Cubículo no es un relato lineal: es más bien una carta de significados y significantes, un ejercicio de búsquedas múltiples que se le propone al espectador.
Lucas (Graciano Rey), un peregrino, llega para corromper la convivencia de los otros, para convertirse él mismo en otro, para invitar al afuera. Su lugar convoca a la tensión entre el quedarse y el irse. El vagabundo es el interrogante y el interrogatorio. La duda puesta en movimiento. Es quien ejercita la compasión y enfrenta al Barón. Los cuatro personajes permanecen encerrados --no se denuncia por qué causas-- en un cuarto tibio. Quieren irse, o eso declaman, pero permanecen. El encierro es una autoimposición, una pena tolerada por momentos con mansedumbre y en otros con violencia. ¿Qué lugar es ése? ¿Qué vínculos los atan? ¿A quién le temen?
Una mujer cuenta su historia de alcoholismo, de “amor fatal”. La otra, su cuento de hadas con príncipe por turnos. El olvido y el recuerdo hacen de la verdad un valor dúctil, una pieza móvil. También hay piezas de arquitecturas milimétricas, exactitudes en el encastre de los cuerpos en escena, que develan un profundo trabajo de ensayo. El movimiento se turna entre lentísimo y veloz, la brutalidad puede emerger entre las partes así como la dulzura. Meneghelli cuenta: “La obra puede seguir mutando; de hecho, quizás en un tiempo no sea la misma. No diría que es una obra surrealista, sino una distorsionada”. El director denuncia una realidad de sentidos masticados, precocidos, y cómo Cubículo propone una lógica a develarse, un “Cubo de Rubik” a resolver.
Está claro, a esta altura, que hay permiso para las interpretaciones disímiles, para la absorción a voluntad de mensajes. De entender o no entender, no se trata el asunto. Que algo se deba interpretar de un modo u otro es siempre una imposición autoritaria, una orden. Quien tolere la duda, lo indecible y la conspiración de la palabra en contra de la totalidad, saldrá de El Espión tarareando: “En la noche, triste y negra…”.
viernes 28 de agosto de 2009
Número Zero: REVISTA EL MONSTRUO DE LA RÍA

Bahía Blanca, Buenos Aires.
viernes 14 de agosto de 2009
Entrevista a Javier Barilaro

Para Agencia NAN
-- ¿Alguna vez imaginaste que iban a comprar tus cuadros?
viernes 17 de julio de 2009
jueves 9 de julio de 2009
Entrevista a Valeria Iglesias

Fotografía de Caro Mikalef
--Surgió un verano en que estaba sin trabajo y con banda ancha. En esa época ya existían los blogs, pero no eran furor y yo no sabía que existían. Así que me diseñaba una página con FrontPage, publicaba un texto e invitaba por mail a un montón de contactos para que leyeran. Al principio, la página se llamaba Sólo por hoy, y el texto estaba en Internet un día solamente. Por la dinámica y porque el primer texto que publiqué se llamaba "Absurda", enseguida registré el dominio “absurdayefimera”. Seguí un par de años diseñando la página. Me llevaba horas y horas. Entonces, me pasé al formato del blog. Esta tercera etapa se llamó “revista travestida de blog”, porque entonces AyE era una revista digital que robaba la plantilla del blog. De revista, se convirtió en blog, con dinámica de blog. Hasta que empecé a utilizarla como herramienta de difusión de mis cursos. Y así llegamos a lo que AyE es hoy.
viernes 5 de junio de 2009
Entrevista a Ricardo Romero

-- Me encantó, no lo había pensado así, pero sí, es “la venganza de los solitarios”. Igual creo que en Tantas noches como sean necesarias la soledad de los personajes es una revancha también, en un mundo en el que no parece haber lugar para ellos: los personajes están tan ensimismados que hacen de la soledad otra cosa, algo mágico y poderoso. A ellos el hechizo de su soledad los define y los salva; perdiéndolos, claro. Respecto a lo que decís sobre la soledad en mis textos, creo que es el punto de partida: sólo desde esa soledad que está en nuestra naturaleza (la pertenencia a la intemperie, como diría Enrique Molina) podemos empezar a apropiarnos de alguna parte, ínfima, irrisoria, del mundo. La soledad nos vuelve honestos, no hay a quién engañar, porque incluso cuando uno se engaña a sí mismo necesita de los otros para que el engaño funcione. Otra vez Enrique Molina, que se refiere a “nuestro desamparo en la corriente”; y desde ahí amar, construir una historia precaria para habitar con uno y con los demás. Cada vez estoy más convencido de que sobre lo que yo quiero escribir es sobre el amor y sus caprichosas formas de encarnarse en personas, objetos, miedos e ideas, porque podemos amar tantas cosas... La soledad está devaluada, me parece, porque es peligrosa para los intereses utilitaristas que rigen nuestra sociedad. Uno nunca sabe adónde la soledad puede llevarlo. El problema no es la soledad, sino lo que cada uno hace con ella...."
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viernes 15 de mayo de 2009
Entrevista a Liliana Diaz Mindurry
Por Valeria Tentoni
"-- ¿Por eso puede ser que tengas tantos personajes niños, que son esencialmente pasionales y juegan con el límite?
-- Si, tenés razón en eso. Creo que en el niño debe haber menos mandatos o filtros desde el afuera, hay contenidos más auténticos y brutales. No creo en los niños buenos. El niño tiene, justamente, esa posibilidad de una especie de pureza, si bien no me gusta esa palabra. Hay a veces un extremo de ternura, de bestialidad, de sexualidad incluso; yo creo que la sexualidad en los niños es una cosa que todavía molesta, pero es un hecho. Y hoy todo el tiempo se habla de pedofilia y no se acepta lo otro, la pulsión sexual del niño; no es que esté aceptando la pedofilia ni nada por el estilo. Quiero decir que, por ejemplo, Pequeña música nocturna le molestó a mucha gente porque el tío, finalmente, no era pedófilo. Molestaba más que simplemente todo era un juego de una niña. Los niños me atraen muchísimo para escribir, como también los personajes violentos, psicópatas."
sábado 25 de abril de 2009
Reseña de Rascacielos, en Letras.s5, Chile

Por Valeria Tentoni
Revista “La Quetrófila” de Buenos Aires
Rascacielos.
Enrique Winter.
Literal, Colección Limón Partido, México 2008.
Ver reseña [click]
viernes 24 de abril de 2009
martes 21 de abril de 2009
En revista Derecho y Barbarie
domingo 1 de febrero de 2009
sábado 17 de enero de 2009
domingo 21 de diciembre de 2008
Entrevista y reseñas en Nexo del domingo 21/12
jueves 11 de diciembre de 2008
sábado 6 de diciembre de 2008
Publicación en revista Mexicana Andante 26

Poemas publicados en el número editado por
Manuel Parra Aguilar
miércoles 3 de diciembre de 2008
Entrevista a Oscar Araiz para Nexo
Antes de “crear” es necesario crear condiciones
"VT: ¿Cómo ve el estado de cosas actual en el ballet? ¿Cómo han girado las cosas desde que creó el Ballet del Teatro San Martín? ¿Son las mismas condiciones para este tipo de proyectos?
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Entrevista a Lucas (Funes) Oliveira para Nexo
Edición Domingo 30 de noviembre
Entrevista a la Editorial Funesiana
"VT: ¿Cuál es el criterio de selección, la línea editorial? ¿Qué busca
F: Power. Sangre. Desenfreno. Ovarios. Huevos. Sinceridad. Lucidez. ¿No pedimos nada, no? Los libros que tenemos ganas de publicar son aquellos que no tienen miedo de poner una opinión en el medio de una escena mezquina y atolondrada. Son libros de atorrantes. Desmesurados en arrogancia, quizás, aunque no pedantes. Libros que van a pasar al olvido sin melodramas ni romanticismos elegantes. Si bien todavía no somos formalmente una editorial, tal vez cuando publiquemos los otros cuatro títulos podría ser, lo de “la editorial más chica de latinoamérica” (frase que le robé a Diego Trillo Grubba cuando se enteró del proyecto) habla de cierta arrogancia que nos entusiasma. Una falacia que me conmueve: no todo está perdido. Nada se perdió, es cierto; se trata de una pose. Una pose que atrae a un público activo, un público que valora los libros y las apuestas, un público que entiende el valor de un tipo yendo al frente contra sus propias limitaciones..."
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miércoles 26 de noviembre de 2008
sábado 22 de noviembre de 2008
Reseña Nexo

El origen de la luz
Arnaldo Calveyra
Editorial Sudamericana, Narrativas. – 2004
Para Suplemento Cultural Nexo
Edición Domingo 23 de Noviembre
lunes 17 de noviembre de 2008
Reseña Nexo

IGOR
Federico Levín
Gárgola Ediciones
“¿A dónde vas así tan descalza, querida?” Federico Levín, Rosarino, de apenas veintiséis años, se despacha con una novela enhebrada con un ingenio narrativo notable. Porque el adjetivo es ese; ingenio, uno que nos sorprende, y puede emparentarse con el destello cortazariano. Una radiografía de lo melancólico, como preludia la tapa. Nos envuelve en la historia de Igor, personaje diseñado hasta en lo más minúsculo con una destreza que lo convierte en adorable. Igor, un par de zapatos y Natschenka, con su lunar móvil. “…Las esquinas comenzaron a tironearlos, mostraban desde el otro lado, la tranquilidad de dejar pasar las cosas, la comodidad de ser una esquina.” Una historia contada en el todavíamente mañana, que subvierte los tiempos y los espacios, navegando al lector hacia un final logrado con particular habilidad. Un libro que nos deja con ganas de más Levín, y de abrazar a Igor con todas nuestras fuerzas.
Reseña en Nexo
EL SÍNDROME DE RASPUTÍNRicardo Romero
Negro Absoluto
“…Lo último que la oscuridad borra de un rostro es el miedo”. Ricardo Romero ejecuta con notable destreza el género policial, que reúne la colección Negro Absoluto, dirigida por Juan Sasturain. Luego de Ninguna Parte, y Tantas noches como sean necesarias, esta novela consolida al autor en el uso venerante del lenguaje, en el logro de una prosa urdida con el detallismo dulce de un artesano. Tres personajes que comparten la misma insistencia -el síndrome de Tourette-, se ven implicados en una trama que bien podría trasladarse a la pantalla; muertes, misterios, giros, trucos, persecuciones; todo lo que tiene que tener un ejemplar de esta estirpe. La arquitectura de esta historia se alza sobre un terreno corrido en el tiempo; una Buenos Aires futura, con dos obeliscos, “como una fotografía fuera de foco”, según dijo el autor en la presentación realizada en el marco de la última Feria del Libro. Una novela que deja sin aliento desde -y sobre todo- el primer párrafo, y que ocurre, como el atardecer, “…en alguna parte, en todas y en ninguna”.
lunes 10 de noviembre de 2008
miércoles 5 de noviembre de 2008
En la Contrarreforma

Para la Contrarreforma número 4
"No es meramente aquello del dulce de leche y del manjar –el primero es más espeso y consistente, el segundo, que los chilenos dicen es igual, es apenas una saliva débil con pretensiones de dulzura–, lo que nos separa cordilleranamente de nuestros compañeros trasandinos; sino un trillón de idioteces afines. Lo cierto es que leer la literatura argentina desde Chile, como leer la literatura chilena desde Argentina, deja sin efecto aquella risible testarudez divisoria..."
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martes 21 de octubre de 2008
Entrevista a Belén Sosa

Periódico Ático
Con tan sólo veintitrés años, Belén (nacida en Bahía Blanca y residiendo actualmente en Buenos Aires) está inmersa en el universo teatral por completo; ha participado en tres obras, cortometrajes, y está trabajando en un largo y ensayando dos obras más, sumado a su trabajo de taller a preadolescentes. Un alma inquieta que encontró su cauce en las tablas, con la presencia dulce de su juventud y su tenacidad, que la proyectan enteramente comprometida con el teatro...
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lunes 20 de octubre de 2008
Reseña para suplemento cultural Nexo

Ejemplar Domingo 19 de octubre
No-Retornable
No-Retornable, desembarca en el universo online con un detalle en el trabajo plausible. Ambos estudiantes de la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires, han
emprendido el no menor proyecto de mantener con seriedad y frecuencia una revista que no sólo se limita a lo literario sino que “es una combinación de palabras con imágenes que
surge de una búsqueda esencialmente riesgosa: la efímera actualidad”. El diseño gráfico y el contenido de la revista han sufrido en el último número una metamorfosis feliz hacia
una apertura de tópicos que la depositan donde ahora está; un panorama completo y adulto de la realidad cultural y social, un multiperspectivismo. Con colaboradores jóvenes
seleccionados cuidadosamente, y aportes de otros con trayectoria académica, las secciones se dividen en entrevistas envidiables, relatos y poesías de autores contemporáneos –las
más de las veces textos inéditos-, reseñas críticas de libros, imágenes (fotografía), análisis de problemáticas actuales, y sus gloriosos dossiers –en el último número encontramos
uno de Bolaño-. La revista permite además la lectura de números anteriores, y el acceso a links y a una agenda de eventos literarios. Un espacio de debate, y de “lucha textual”,
donde la divergencia tiene su puesto de eje propulsor de encuentros, hacia una gimnasia de destrezas de pluma y de ideas.
Anote: www.no-retornable.com.ar
viernes 17 de octubre de 2008
lunes 13 de octubre de 2008
Reseña disco: Volare. Bigger Than Jesus
El trío, compuesto por Luciano Villacé (Guitarra/ Voz), nacido en Rafaela; Nahuel Tavosnanska (Bajo/ Coros), de Capital Federal y el bahiense Ramiro Pereyra (Batería/ Coros), se presenta con este, su primer trabajo publicado. En el disco conviven cinco temas, con letras en inglés y en castellano, en clave rock / grunge; Fuego del Ayer, Take Me, En Sueños, Bigger y Riot. Este conjunto se deja inundar por una apertura estilística notable, sobre todo, en el tercer tema. Las canciones fueron compuestas por quienes los ejecutan, con la colaboración de Juan Manuel Drangosch y Mauro Zannoli en dos de ellos. El arte de tapa fue diseñada por Guido Pascualetti. La formación viene trabajando desde el año 2006, y se conocieron en
El disco propone una estética abierta, que si bien se apoya en recursos como la distorsión, puede mutar hacia “En sueños” sin deber explicaciones; la música como modo de vida se presenta para estos muchachos, que hacen circular sus trabajos por estos tres ejes; Capital, Rafaela y Bahía Blanca, programando en esta última ciudad recitales para fin de año, junto a la banda
“Wake up, I’ve decided the way…” Una banda que promete continuidad y calidad, como demuestra esta pieza, dejando en evidencia el trabajo comprometido e independiente de estos jóvenes, la sed imperturbable por hacer música, a pesar de todo, por sobre todo.
Para conseguirlo; biggertj@gmail.com
Más info: http://www.myspace.com/biggertj // www.myspace.com/biggertj
domingo 12 de octubre de 2008
Entrevista a Editorial Tamarisco

Periódico Ático
Ejemplar domingo 12 de octubre
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Foto gentileza de Lorena Fernández
lunes 6 de octubre de 2008
domingo 28 de septiembre de 2008
Entrevista a Alberto Laiseca

Periódico Ático
Bahía Blanca
Ejemplar Domingo 28 de Septiembre
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jueves 25 de septiembre de 2008
Reseña para suplemento cultural Nexo

Periódico Ático, Bahía Blanca
Ejemplar del domingo 21 de septiembre 2008
Ignacio Molina, bahiense de 1976, nos trae en esta, su primera publicación, un compendio de quince cuentos que convergen en una unidad de estilo y prosa notable, en clave realista. Cada relato está atravesado por historias comunes, cotidianas, habitadas por personajes rotulados con nombres propios pero que bien podrían no tener nombre, o tener todos el mismo; porque en Molina, lo relevante no es ni el detalle que implica un nombre, ni el peso de los seres que, cual hologramas, aparecen y desaparecen en el espacio de la hoja con el único fin de enaltecer lo verdaderamente imperioso; contar una historia. Los hechos revelan silencios inquietantes, la pluma está puesta en lo no dicho, en lo subterráneo de los vínculos. El vacío ordenado, justamente, porque la nada también es ser y explica cosas, imprime sentidos. “…Los movimientos se confundieron, y pensar en algo y hacerlo fue una misma cosa…”. Un complejo entramado de existencias urbanas, plagado de gestos y de muecas que gritan palabras al viento.
martes 23 de septiembre de 2008
Publicación en revista Esperando a Godot
nada que hayas detenido con sigilo
conserva nombre
la destrucción será infernal como los pupitres
sobre los que aprendiste el péndulo
-alcanza con el fuego-
la luz es un plagio siempre
domingo 21 de septiembre de 2008
Revista Grifo (Chile)

de la Universidad Diego Portales
En esta ocasión, además de entregarnos el relato inédito “Castañas asadas”, Ramos nos presenta el trabajo de Valeria Tentoni (Bahía Blanca, 1985), joven narradora argentina y tallerista de Alberto Laiseca, designada recientemente por el diario “Crítica” como una de las promesas de la narrativa argentina Sub 25. Para esta publicación, Ramos señala de Tentoni lo siguiente: “Con Valeria me une el mismo amor y la misma pasión por la literatura. Me une también el mismo espanto. Entendemos la literatura de la misma manera, la sentimos con la misma fuerza. Lo aseguro. La presento acá como una gran posibilidad de la nueva literatura argentina. Valeria Tentoni, creo que 22 años, estoy seguro que mucho talento”.
Rengo, tanto que en una primera impresión a uno le parece que tiene una pierna de palo.
Pero no, tiene las piernas normales, y la cadera estropeada, porque una vez, hace tiempo, no sé si mucho o poco tiempo, se cayó de un coquero. Más de veinte metros de caída en los cuales, me dijo (y más o menos entendí, en un portugués cerrado), trató de darse vuelta como hacen los gatos para caer de manos. Apenas lo logró, y los huesos se le hicieron astillas y polvo. Por eso es tan rengo, y supongo que por eso parece más viejo de lo que debe ser en realidad. Y ahora, negro viejo, barba blanca, hueso en polvo, prótesis, bolso y bastón de madera son los elementos que componen al jardinero de la casa de mi suegra, en Salvador, Bahía..."
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LA PROYECCIÓN DEL DESASTRE. Valeria Tentoni
"Sus ojos, en rigor, no estaban en eje. Eran apenas una anarquía de lo simétrico. Pero ése no era el único desgobierno de su rostro; contribuían a sus señas particulares una nariz de convexidad filosa, y unos pómulos prominentes y esquivos a toda redondez que se pretende como primer golpe en una joven de su edad. Pero era hermosa. Tocando el piano, era hermosa. Marcos la miraba girar en el taburete, sus pies flotaban en círculos, con
una velocidad que amenazaba con arrancarla del suelo, levantarla como si sus pies de un momento a otro se fuesen a convertir en hélices...."
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viernes 19 de septiembre de 2008
ENTREVISTA A UN HOMBRE CUALQUIERA: GABRIEL SCHULTZ
“En la tele me siento un invitado; la radio me da la sensación de que estoy en casa”, confiesa Gabriel Schultz, un hombre de medios que empezó trabajando en radio, ganó reconocimiento en televisión, y hasta ha incursionado en el mercado editorial con dos volúmenes de las “Máximas de un Hombre Cualquiera”. El periodista cada sábado presenta informes desde TVR, y todos los días sale al aire desde Basta de Todo –radio Metro- junto a Matías Martin. Un auténtico trabajador de los medios de comunicación masiva, contrasta con nosotros radio y televisión.Nota sigue [Acá]
Matemática Feliz
ENTREVISTA CON EL MURCIELAGO
Á: ¿Cómo fue entonces que te sentiste cómodo en la música?MGO: Me pasó de chico no tener vergüenza de tocar. Tenía si vergüenza en un montón de cosas pero no cuando hacía música. Aprendí de chico en una academia. Ya a los nueve años, organizaban recitales y me sentía bien cantando canciones. Hasta ahí era todo un juego, pero empecé a estudiar más seriamente con Luis Pesce, un gran concertista. Y después el secundario; fue rarísimo notar que cuando a mis compañeros les empezaba a gustar la música yo ya sabía tocar, y comencé a ganarme mis primeros aplausitos, a armar temas míos. Tocaba covers y como no me los aprendía del todo, arranqué a componer...
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www.periodicoatico.com.ar
sábado 13 de septiembre de 2008
domingo 7 de septiembre de 2008
sábado 6 de septiembre de 2008
viernes 15 de agosto de 2008
Nota Revista Paula, Chile
"¿Qué es La Quetrófila? Nadie lo sabe bien. De hecho sus fundadoras, tampoco lo tienen claro. Valeria Tentoni, Marian Lutzky y Ximena Venturini se contentan con explicar que por lo menos es ‘la’ y no ‘él’, el nombre de la revista independiente trimestral que lanzaron en diciembre de 2007, y que vinieron a presentar la semana pasada al encuentro En Medio de la Cordillera, organizado por los poetas chilenos Víctor López, David Bustos y Ángel Valdebenito, en el Observatorio de Lastarria..."
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miércoles 6 de agosto de 2008
Lecturas en el Pacha



Cuento de Juan Diego Incardona.
martes 5 de agosto de 2008
Textos leídos en San Felipe, Chile
presentadas por Felipe Moncada Mijic.
100708
hombre y tu barba enardecida
una constelación de entelequias
de pesos abandónicos
un jirón de incendio en carnaval
tu cuello, lo que ha restado en blanco
tu barba de incordios un salmo demente
*
al principio de la oscuridad que en un gesto te habita
la longa procesión de maestrías
de género convulso y constrictor
una insistencia marchita un colgajo de muertes arremolinadas
tu barba como la ilustrarían en próceres, en vikingos y en jinetes
tu barba de medio siglo de muertos en batalla
una construcción de miniaturas en fila india
una madeja de mimbres enternecidos
una corona de soplos dejos, un vendaval tu barba
*
¿dónde terminamos, hombre?
¿dónde termina tu cuerpo?
¿cuántos colores te germinan sobre el cuenco que se te dio por llamar boca?
*
una barba profusa, conteste, indeleble
de ritos de insomnio
de velas en noche
una barba navío un barbado navegante
*
una muchedumbre de sauces llorándote en la cara
marchitos, confusamente nuevos en su vejez de sierpes
una barba viperina, lenguada, intempestiva
un entramado flotante sobre los gestos que te esconden en el huerto
-aquellos que fuimos mientras todavía estaba tibia la cama-
una barba cometa, barba rumiante
mástil
una apuesta de sismo sobre vientre desnudo
A Borges
no vayas
a reclamar tu parte en nochebuena
a compungir a tu madre justo cuando llegue de la peluquería
con la tintura estrenando cromatismo
no petrifiques a los muertos en fechas
no
deslumbres de muerte mientras vivo
hay
un sigilo al que deberíamos estarnos atentos:
la composición del estigma no puede
disculparnos sin juicio
vamos a caer en las garras de los aljibes y
llovernos de tristeza algún día,
quizás en julio
no vayas a equivocar el trazo en el quinto movimiento
de Chopin
serás un anacoreta o
mejor
un arlequín a sueldo
de la memoria de tus ancestros, un remilgo
apenas un muestrario de caos un
silencio de cementerio público
un mortero
una guadaña
la concuspicencia imberbe
la alegoría del tiento
pero
jamás tu sombra ni aquello
que te devuelva el espejo
acaso el terror nos adormezca
una mañana de verano y sin embargo sé
con una seguridad de siglos
que voy a parir tus hijos
y vas
a confiscarme el vientre
como
si tuvieras derecho a envejecerme
sin jamás
pedirme disculpas por aquella
intermitencia
no tendrás por asombro una mueca sino
el desvelo del zorro
no tengo más que estas uñas
intentar escribirnos con la biblioteca
alzándose a mi diestra como un mausoleo
los nombres que gimen desde los lomos en oropeles
han sembrado por causa mis dos y ambas manos que tintinean sobre las teclas
no me disculpan los malos poetas siquiera
que se diluyen entre el gentío de autores
conversando de estante a estante
sobre los estetas y las durmientes
quizás
alguno se compadezca
quizás
me tome en estima Borges
muerto de risa –una risa sin ojos, una carcajada vaída, añeja-
y se sonría levemente si intento el Gólem
si retruco sus lánguidas convexidades con apenas
estos retazos de música
quizás sospeche que cuando camino desde la facultad
y las calles se convierten en las galerías del amenazado
abrazo las columnas de la que fue su casa
y huelo hasta el vértice de su puerta
para intentar la estupidez de contagiarme
por lo menos
cuando diseñe un símbolo
o finalice una estrofa
olvidarte, Borges, sería
por caso un atajo
pero no vaya a ser
que alguno de mis muertos
se arrepienta por darme estirpe
no vaya a ser
que las amapolas se me derritan en la ventana
ni aún darle un punto final a este poema
porque soy tan cobarde, Borges
tan niña:
quisiera que lo sepas
a la hora del juicio.
Textos leídos en la Fundación Pablo Neruda, Valparaíso

en el auditorio de la Fundación Pablo Neruda, La Sebastiana, Valparaíso, Chile,
el jueves 31 de Julio del 2008.
Bis
nada que hayas detenido con sigilo
conserva nombre
la destrucción será infernal como los pupitres
sobre los que aprendiste el péndulo
no hay destello en el odio
-alcanza con el fuego-
la luz es un plagio siempre
Insomnio segundo
transcribir lo oceánico de esta noche sería
de una verborragia inútil
estarás dándole de comer clepsidras en la boca
y yo
en plena madrugada
hilvanando plagios
habrás pecado de buen hombre ya,
cinco veces al menos,
recordándome
mientras le besabas los hombros
podrás, claro, remendar este deshielo
¿pero y aquél?
¿cuál es
el pentagrama
del hastío?
A mi Lutzka
ella siempre tuvo mal de astros
era una diadema sin cascabel ni nuca que soporte trenzas
una entelequia, mi corazoncito de perlas muertas,
de movimientos contestes,
un pentagrama de sus uñas,
una diatriba contra nadie
contra
un xilofón de esdrújulas,
un compendio de salitres, esperando la lluvia
para diluirse en lunas en cuarto menguante
y ser fugaz como el estornudo de un niño
esa última respiración veloz de la noche
tuvo un aljibe por alma y terminó de baldear la vereda
con coágulos infectos de mirra
vomitó todo el aserrín y germinó poesía
le nacieron madreselvas en la espalda,
por alas en carne viva
mi corazoncito de libélula, mi estalactita diamantina
¿quién va a cubrirnos esta noche con almíbares,
quién a calibrar el hastío,
quién?
te veo zarpar hacia las nubes, corazoncito
te veo ser nube también
Cuento leído en la Universidad del Desarrollo, Santiago, Chile

Este texto salió publicado en la última edición de la revista Grifo, de Chile, en la sección Gotera, junto a un texto de Pablo Ramos.
Textos leídos en el CCAbasto, Valparaíso
Presentadas por Enrique Winter
03708
Hundirnos en la tarde.
Nombrar Babilonia como si
supiésemos, apenas nombrando, Babilonia.
Ser estúpidos como gaviotas, ser
nuestra propia tarde.
Hundirnos en Babilonia como si
no nos fuera exactamente a la inversa:
Babilonia hundiéndose en nosotros.
La tarde estúpida nombrando una gaviota.
06708
Como si todavía me restasen álgebras en la boca
escupo un bostezo a media mañana.
No hay péndulo capaz de degradar el círculo
-ni siquiera una videncia, un arrumaco de la suerte-.
Tengo la mañana encima
como un galeote de lana,
y me pregunto dónde esconden el invierno
los que lloran.
Pienso
(o ignoro)
no hay estupidez más lúcida que la juventud.
CUARENTA HIJOS
Nos abandona
primero: la sangre
Luego los nombres de los hijos que no hemos tenido,
que soñamos con algún par de ojos en una cama desarmada.
Los nombres que ensayamos en muñecas de plástico.
anudando cintas de seda rosa a un recuerdo enmohecido.
Pensamos Jazmín para hijas con pelo lleno de sortijas.
Nombres que imaginamos puestos en nosotras mismas de niñas
viéndonos entrar con una herencia compartida pero nuestra.
Como los silencios que nos guardamos en el estómago
la sangre que nos llueve anunciando la herida
-como si hiciera falta reiterar el quiebre, subrayar la demora-
y esta madreselva que llevas como liendre, me preguntas,
¿dónde termina?
Pensé cuarenta nombres para mis hijos
Y a todos he llorado el día de mi menarca
Cuando comprendí que los estaba gestando a mis cuarenta hijos arlequines
A mis cuarenta hijos ancestros de mis muchos nietos.
A mis cuarenta desdichados hijos
De los que he parido ninguno.
Y cuando mi padre me acunaba
Silbando duerme duerme negrito
Olvidó prohibirme a mis cuarenta hijos.
Y entonces los tuve en cada esquina
Arropados en celofanes raquíticos
Con ojos impresos a una tinta
Con dedos tan pequeños en sus manos que una podía pasar la eternidad descifrando la velocidad de su crecimiento.
Y en cada hijo he clavado mi mueca
Como una bandera
Y sé que hoy andan por ahí, mis cuarenta malparidos
Anunciando de mí apenas un destello
Esperándome en cualquier vientre
Para que pueda beberlos
y luego
morir de soledad.
miércoles 23 de julio de 2008
Poemas en Palabras Diversas
Sección Los Novísimos
*
Todo se conjuga en una tibia mañana;
tu boca,
el pálido estallido de mis muslos,
el piano y los acordes de tus manos,
el error de la poetisa,
la cóncava espera de la noche.
Yo ¡jamás! pretendí tanto.
No sabía que los rieles iban a dejarme en tus estepas
*
¿De qué color será la sangre?
Nos preguntamos, jugando con una navaja
hecha de jotas.
Qué estúpidos.
*
Dame un puñado de cosas desnudas
Para que pueda vestirlas de fiesta;
Una camisa, una mesa ratona y un alfiler
Para sujetarte el horror, cerca del pecho.
*
Y me vas a pensar niña, encerrada en un sopor de mediatarde
destejiendo la abúlica costumbre de empaparme de esperanto
para confesártelo todo, retazo de mi piel,
astucia de desvarío.
Y vas a ser casto al momento de soñarme
-sólo para paralizar el descrédito
de mis ojos profundos y elocuentes de lascivia-.
Yo no creo en los tormentos de los días
confío, por ahora, en los encierros de la noche.
Poesía: La Vecina
Publicado en Revista
La Vecina
Abro el portal para ver quién llama
Se me aparece radiante una chismosa con espuma entre sus dientes
Su voz de chirridos taladra mi empacho de media tarde
¡Silencio, maldita usurpadora de horas de la siesta!
¿Será que tiene algo que confesar, la brava vecina?
Comienza una historia que deshilacha con sabor a menta
De cómo dos amantes furtivos se acorralan mutuamente
En la esquina de mi misma cuadra
Acusa a la libido de toda esta parafernalia
¿Será el sol del otoño crujiente de hojas secas?
¿Será el templado bramido del paso del tranvía?
Serán las llaves en la mano, que tintinean cantarinas
Buscan una melodía a la que nunca llegan
Se esconden en la quietud de la mesa plana
Y allí reposan, cerca de la pava
Que ya comienza a perder temperatura.
La lava verde sube por la bombilla
Y la vieja chismosa con aliento de humo
Despide una injuria.
A sus repasadores con acento de lavandina
A sus picantes rellenos de empanadas caseras.
La mujer se aleja por el pasillo sombrío
Al que sólo se anima a dar luz una claraboya en lo alto de la puerta.
Amasa con su taconeo los azulejos raídos
Que despintan su huída.
Y la hace flamear un poco
(sólo un poco)
Con una levedad imposible.
Miro hacia fuera y descubro a los amantes
Sonrío.
Me da lo mismo que sean ellos o que seamos nosotros.
Lectura Los Mudos
Desde una esquina espasmódica se acercó una nube tirana, humeante. La envolvió, ella se sentía de pie pero realmente estaba flotando. Dejó de latir la pared azulina, y despidió un ladrillo circunferente, que ella esquivó. El ladrillo tenía una vibración en sí, y zumbaba en la habitación como una mosca. A ella ya le empezaba a estorbar su sonoridad intermitente. Pero no sólo tuvo que cubrirse las orejas sino también empezar a escaparle. Comenzó su odisea, con movimientos poco ágiles, estaba como atontada, y toda era torpe. Se escondió en un altar verde musgo, cerca del techo de paja. Allí le rezó a todos los dioses, pero con poca esperanza.
Entonces se decidió a huir. Retomó el camino y se abalanzó al piso. Pero no cayó, sino que comenzó a desaparecerse. Primero y sobretodo, se difuminaron sus uñas. Luego todos sus componentes óseos, y se convirtió en una masa amorfa, puramente gris. Se descubrió desnuda, seguramente tuvo algo de vergüenza. El moscardón vibrante seguía allí.
Memé apagó el despertador con un manotazo. De alguna manera descubrió que durante su nocturnidad se había desnudado sola, su pijama revuelto desparramado en dos piezas entre las sábanas, perdido en el fondo de la cama, abollado. Se cambió, sonrojada, debajo de las mantas.
Con la punta de su dedo gordo buscó las pantuflas. A cambio, sintió que una materia gélida contactaba su talón. Era algo de una consistencia menos espesa que el aire, pero ella podía sentir su fuerza en la tensión al intentar el retorno de su pie a la seguridad de su cama. Como si tuviera un peso encima de su empeine. Pateó el elemento. Se atemorizó de una manera extraña.
Tardó aún un momento en reaccionar al sonido. La misma persistencia vibrante que en sus sueños le taladraba los oídos. La sentía surgir desde debajo de si misma. ¿Seguiría soñando? ¿Sería todo parte de una gran pesadilla?
Se refregó los ojos. Estaba definitivamente despierta. Se le ocurrió que quizás un elemento onírico se había colado en su vigilia.
Resuelta, descendió de su altura y apoyó firme los pies. Sus plantas desnudas se aplastaron en el suelo de azulejos. No sintió ya ese frío, pero el zumbido persistía. Su cuerpo empezó a empaparse de ese susurro, sus extremidades se empezaron a desdibujar en gestos torpes. Estaba mareada, nauseosa. Se asomó a la ventana, quería buscar cómplices. Nadie. Nada. El cielo se debatía entre un azul luminoso y un violeta que le daba tinte a un grupo de nubes ovaladas. Se apresuró a llegar a la cocina, quiso ver si el sonido provenía de su heladera. La desenchufó, colérica, y al ver que no se detenía, comenzó a recorrer todas las instalaciones eléctricas del caserón. Arrancaba los cables, demente. Se detuvo cuando vio que nada de eso lograba el efecto buscado. ¡Silencio! , comenzó a gritar, con un timbre agudo como el de una urraca. ¡Silencio!
La agitación diafónica se escurría por todos los poros de su entorno; venía del techo y del suelo a la vez. Ese gemido intermitente de ondas sonoras se le hacía un mar embravecido, omnipresente. No supo si taparse los oídos o echar a correr. Comenzó a resbalarse y a perder verticalidad. Se desparramó en el suelo, y empezó a girar sobre sí misma, como un trompo. Sus piernas se disparaban en direcciones aleatorias, había perdido dominio de su cuerpo todo. Se arrastró hacia una mesa ratona, y se tomó de una de sus patas, sólo para poder asirse de algo, y recobrar noción terrenal. En vano. Su boca ya echaba espuma, sus ojos dejaban escapar lágrimas de sangre. Sentía que todas las venas de su cabeza latían al ritmo de ese silbido diabólico. Esperaba que en algún momento algo estallase. Dejó caer su rostro hacia un costado, apoyado en el piso. Todo temblaba, presagiando un derrumbe. Reconoció a su viejo tocadiscos, alguna vez ubicado en esa esquina como adorno, como recuerdo anacrónico de melodías retumbantes. Como pudo, dirigió sus manos al interruptor. Una luz naranja presagió lo que alguien ya había pintado antes de que yo escriba. Ignoró el vaticinio.
Comenzó a rodar el disco de pasta, negro como el infierno, con una levedad incomparable. La punta de la púa dibujó los primeros acordes. Subió el volumen, rodando la perilla, pretendía esconder al vibrante moscardón de sus oídos. Comenzó una sinfonía, un concierto de clarines, violines, triángulos, bajos y contrabajos, tambores, pianos, quizás dos. Un clarinete desafiaba la velocidad del sonido. Había una varilla violenta ante todos ellos, había un hombre de traje negro eufórico, que hacía música con todos sus gestos. Frente a el, una multitud de engranajes, soplados, golpeados, acariciados en sus cuerdas. Todos al unísono haciendo los parlantes del viejo tocadiscos tronar hasta el temblor. Un adorno de porcelana comenzó a deslizarse sobre la mesa, en dirección al vacío. Cada trombón le hacía saltar un paso. Cayó, despidiendo infinidad de filosos desperdicios.
Pero ni esto pudo contra el maldito moscardón. Memé sentía su presencia, constataba su helada insistencia, con lo que le restaba de sentido. Decidió salir de su casa, y se agazapó con urgencia. Sus pies ya tampoco le respondían, y los despabilo golpeándose la cabeza contra una pared, haciendo que una pintura de verdes fulminantes cayera, azotándola en la frente. Nada pudo detenerla, y logró erigirse. Su cuerpo se fue hacia delante, y manoteó el picaporte de la puerta de entrada. No podía soportar más el histérico vaivén de esa miserable sinfonía, pero aún menos el todopoderoso sonar que la acorralaba en su demencia.
Hacia la calle, pudo observar por un instante a la gente, y la encontró recorriendo sus cotidianas normalidades. Nada parecía sobresaltarse. Cerró la puerta tras de sí, sin llave, y se apoyó en una columna. Esperaba el silencio. Pero no sólo nada se detuvo sino que comenzó a acrecentarse, ya podía sentirlo dentro de sus huesos.
Tomó por el cuello del gamulán a un transeúnte, y le pidió ¡Ayuda! ¡Silencio!. El hombre, aterrorizado, la empujó y la abandonó en el suelo, en la acera hirviendo al calor del
Llegó al puente, decidida al suicidio líquido. El cielo transgredía el arco iris, y se dejaba ver en tonalidades ambarinas, coloradas, y humeantes amarillos. Parecía lenguas de fuego, y Memé hasta pudo descubrirle rostro. Ella ya había perdido todos sus cabellos, y con sus manos se arrancó los últimos que le quedaban. Sus pupilas tintineaban, rebotando en sus globos oculares. El infame sonido lo corrompía todo. Sentía gritos y gemidos, desafinaciones, sobre un fondo de truenos, oía quizás una voz femenina, como una ópera en constante agudo. Ranas croando, búfalos, estampidas de todos los animales a la vez. Quiebres, rasgaduras, espantos de vidrio. Vientos, cataratas, rompientes en acantilados cóncavos y desoladores.
Todo esto sintió retumbarle en el cuerpo. Emergió de ella misma un grito catastrófico, con el volumen de todas las eternidades a la vez, con un eco que detuvo el espacio y el tiempo. Se llevó las manos a los oídos en un último intento fútil. Todo se detuvo. Ella también se detuvo. Hubo silencio.
Un hombre levantó el pincel de su último trazo.
Lectura en Bahía Blanca

Leído en el C.C. La Lechuza, Bahía Blanca
Junto a Milton López, Clara Di Dio, Matías Salazar y Diego Enrique
en octubre de 2007
*
MUJER, Y TU TACONEO
Aquí dentro creo que puedo tolerar la demencia de comprenderte, de saberte, de olerte, y de sufrir tu lejanía, a la vez, al mismo tiempo que glorifico tu ausencia. Pero, ¿Y afuera? ¿Y los otros? Pobres de ellos, quienes deban soportarse ajenos a tus azahares, a la tímida curva que hunde un collar de perlas falso tras tu cuello.
Allá fuera, andarán todos enloquecidos. Ya imagino, que las nubes ofrecen ceder su altura, solo por rozarte. Y las damas de sacos de piel mestizos se estupefactan al caer tu taconeo en los azulejos quietos, azulejos tímidos que sólo esperan ese derrumbe de madera forrada con cueros manoseados de pisos, de veredas con humos de alquitrán, de cenizas de muérdagos en las esquinas, de misas pesadas y lúgubres, de caserón desvencijado. Con esas botas que te llevan para donde tus ojos, dirigbles del demonio, que apuntan y disparan sentidos, ese paso tintineante, como de calcios y azufres, como de líquido; como si para ti fuera fácil todo eso, todo lo de andar partiendo la tierra con cada esquina, dividiendo Buenos Aires en dos; la que anduviste y la otra que no. Y los hombres voltean a esa marcha tuya, que sacude todo lo que resta de tu suerte corpórea, cuando el suelo se abrocha a la fuerza de gravedad bamboleando tus senos, tus senos, tus senos…
Mujer, que pareces no tomar conciencia de la efervescencia de tu ritmo, del candombe filoso que describes con tu huella, de los rostros que voltean y las lanzas que te sacuden desde todas las libidos. Mujer, que despiertas a los lascivos de sus abstinencias, de sus promesas a los fieles y castos, que desplumas la ciudad con tu quejido de cuero, con el rechinar de las plantas de tus pies contra el asfalto.
Y que abandonas mi guarida, describes la huida transformando el portal en mi enemigo, y me dejas en silencio así, tan siete de la mañana, sin desayuno. Que me has ofrecido anoche mismo, en esta misma sala, congelada de invierno, tus botas para que te desnude los pies, esos pies tibios y mínimos, esas estacas de tiento, que fuiste acampando tu cuerpo por toda mi casa. Y que luego el resto del cuerpo, pero para mí sólo tus pies, desperdiciando mi aliento sobre la visión de su enredo en los míos, y yo podría haberme acercado a verlos, más de cerca, con más detalle, pero no quise asustarte. Y ahora dudo, si tenías las uñas pintadas, si los rodeaba una trenza de claveles, una corona de jinetes sin caballo, el olor de una pista susurrada como un secreto, para que yo te siga luego, mujer, a donde sea que vayas. Y entonces así como así te fuiste, a seguir haciendo sonar tu sonrisa que llevas en andas.
Y vuelvo sobre una palabra, y empiezo la descripción con mi recuerdo, y te veo entrar así, haciendo tronar los suelos, mujer de tacos altos, felina y boa a la vez, te arrastras con ese cantar, con esos pétalos, vas bailando con miriñaques de algas en mi comedor, mientras te sirvo la cena, mientras te quejas por algo a lo que no presto atención. Y pongo algo de jazz, y Billie Holiday te hace danzar todavía con más furia, y entonces no tolero tanto y apago la música, para sólo escuchar lo que queda de tu taconeo sonoro, acoplado al ritmo anterior, como un resabio de magia incierta, de minúsculos arquetipos de la felicidad, verte bailar así y que ya nada signifique, verte alejarte así hacia la ventana, mirar hacia fuera, como si la gente también tuviese que estar bailando, como si la música que oyes fuese para todos. Y esta mañana recordarás una pieza, y tararearás acaso la canción que elegí para ver tu zamba, mientras te sirves un café triste y espeso, para despabilarte acaso. Y sonreirás pura y simple, como el pan o como la leche, y serás infinita, o serás puente. Cumplirás un horario, luego cederás tu puesto, para que otra, con menos cintura pero más caderas, sonría boba una amabilidad de ciervo. Y escaparás a la plaza, para almorzar con las palomas, que devorando restos te harán sentir menos sola, más estatua, mujer, glorificando aquellos pies que descalzas, que han sufrido la corrección del cuero, que dejas llorar sobre un pasto verde y superpoblado de hormigas, que en vez de picarte te besan las uñas. Retomarás la cadencia laxa del traqueteo, y volverás a casa.
Y entonces te verán todos pasar, y yo estaré celoso de su visión desde esta esquina, en la que acomodo sensaciones. Y de nuevo tu rítmica quebrada, de nuevo esa sonrisa y ese tarareo. Mujer y todo lo demás te desea, tu intermitente peso en las calles, toda en el suelo, toda en el paso que dibujas. De a uno por vez y qué daría por verte saltar, y caer a la vez con ambas plantas, aplastadas al unísono, una seguro un momento luego de la otra, con la exactitud de una lagaña. O quizás caminar con tus manos, en vertical, y verte los pies flotar así, en el aire así, siempre así y ser tu propia viceversa. O mejor aún, invitarte a una plaza, y convencerte a una hamaca, y observarte balancearte en ese vaivén pueril, y mirarte los pies cansados reposar colgados de tus rodillas, que de repente son parte de tu gesto todo, y te reirás niña y pedirás chocolate.
Pero no será esta tarde, y seguirás tu camino haciendo escombros la urbe, en terremotos ínfimos, y todos sentirán su olfato y sus manos atraerse a vos, con la fuerza de los imanes, pero por supuesto ninguno cederá, pondrán cara de circunstancia, como si tus piernas no se apoyaran en sus longitudes sobre esas ruedas del cielo, que son tus pies, andando siempre, a tu capricho, mujer, dueña de todos los espejos, de todos los cetros, de todos mis martirios.
¡Mujer, por Dios, quédate quieta!
Lectura Chileno-Argentina
Aquellos primeros meses sin Clara lo sorprendieron. La soledad era un estado que él había imaginado glorioso, pero comenzaba a pesarle. Los muchachos lo visitaban todas las tardes, y habían establecido un sistema de turnos para no dejarlo solo. Aníbal pasaba largos minutos callado, atrasando respuestas a las preguntas de sus amigos “¿almorzaste hoy, Aníbal?” “¿necesitás algo?” “¿tenés dinero?”.
La pensión de Clara llegó a los pocos meses, y si bien era una suma escueta, alcanzaba para que Aníbal sobreviviera. Cobraba en la primera semana de cada mes y no tardaba demasiado en diluir aquella liquidez en botellas.
Pasaba las noches sentado en su mesa del bar de Alvarado. Llegaba puntualmente a las diez, y permanecía hasta que cerraban. A veces Jorge y otras Lanzetti, lo acompañaban. José sólo aparecía los domingos, porque era el día que su mujer le daba permiso, sumado a los jueves de pócker.
La mayoría del tiempo hablaban de política o de noticias, comentando con una euforia decreciente hasta que los mozos empezaban a levantar las sillas y ponerlas sobre la mesa, invertidas, señalando la despedida.
Después, era siempre igual. Las calles vacías en la noche del barrio, las columnas de árboles en paralelo, asomando una lógica difusa, las baldosas grises y acanaladas, el rocío de las humedades que había dejado el día flotando en el aire. El paso blando y flojo, equivocando la línea, apoyarse apenas en algún poste de luz. Haber rechazado el acompañamiento de José, o de Lanzetti, decir que podía solo, que era un nene grande, y conocía el camino. Abrir la puerta de entrada confundiendo las llaves, retomar el aliento en aquél escalón de mármol, finalmente entrar a la casa, tan vacía como la noche afuera, y preguntarse por milésima vez, si no era mejor para él dormir en la calle, acompañado, por lo menos, por la luz de los fluorescentes sobre la acera, por el lejano derrapar de algún piloto, por el ladrido de un perro, o la cercanía del amanecer, pujando desde el fondo del horizonte, allá, donde los techos de zinc terminaban su trabajo de escenario y dejaban ver el cielo.
Luego era la cama vacía, nunca armada, las sábanas sucias; dios sabía hacía cuánto las había cambiado por última vez. La mesita, aquella lámpara de bajo consumo, los voltios amarreteando luz sobre un portarretratos donde una pareja joven jugaba con una niña, el ánimo de dormir y ya no despertar, esas ganas abrasivas de morir, esas ganas impertinentes de morir, que le atacaban sólo de noche, en esos momentos en que su cuerpo finalmente cedía y se dejaba dormir, abandonado su peso sobre el colchón, hundiendo su peso sobre el colchón, como si quisiera perforarlo y caer, simplemente a un pozo, que luego alguien –porque siempre alguien iba a hacerlo- taparía de tierra húmeda con una pala, hasta que alguien –porque Ofelia siempre iba a volver- clavase una cruz sobre aquél espacio y nombrara su muerte, como si hiciera falta decir la palabra para que finalmente existiese, o dejase de existir.
Y entonces estaría cerca de Clara, pero no de aquella que había abandonado cuando joven, despidiéndose en la puerta camino al club; ni de aquella que había dejado morir lentamente en una cama, en esa misma cama, por dios, Clara había muerto en esa misma cama. ¿Era esa cama, entonces, su asesina? ¿Iba a atacarlo a él también? No, no a esa Clara, sino a la mujer que también hubiese sentido ese mismo cansancio, ese mismo abatimiento, esa velocidad en el alma que a uno podía llevarlo a desfallecer de miedo, pero nunca matarlo, porque la tristeza no mata, no, es todavía peor que morir, estar triste, decía a sus amigos, repetía siempre, como si hubiese encontrado la manera de descifrar aquél embrujo. La tristeza era todavía más abrasiva, era un estado menos humano que la tentación de muerte. Era una daga sin filo que se conformaba con amenazarlo, era un acantilado silencioso en el medio de un desierto; no, no iba a dejarse morir, sólo porque todavía no había sido tan humano, ni tan entero, ni tan valiente, como para merecer aquél premio. La muerte podía ser el exilio más dulce, pero todavía no; ¡¿cómo equipararse a Clara?! No podía ser que todo mundo terminase en el mismo lugar, cuando habían cometido imperfecciones tan disímiles. Él mismo no podía merecer el mismo destino que su esposa, ella, con su luminosa imagen en el recuerdo, y él, tan vivo todavía, tan repugnantemente vivo revolcándose en la cama que ella había elegido para hundirse. No, la tristeza era todavía algo menos tangible y más corrosivo, era como estar en el medio de un desierto, o de un laberinto hecho de millones de puertas, abiertas, por las que uno entraba y salía a un cuarto con más puertas, y así. Lo desesperante no era que las puertas estuviesen cerradas, no; el peligro no residía en la falta de llave o en el error de combinaciones, sino que cualquiera de las puertas estaba abierta, y esa posibilidad de tránsito era lo desesperante, esa capacidad que tenía de ir entrando y saliendo, sólo hacia un cuarto con más puertas, hacia otro con más puertas, hacia otro con más, y más. La tristeza ¡ojala! Pudiera detenerlo en un único umbral. ¡Ojala pudiese elegir por él un único velo sombrío, un único terror! Pero no, era ese el acierto del mecanismo; enloquecer sin permitir detenerse, era esa la llave de angustia; el tránsito. La voluntad de continuar abriendo puertas y pasar por infinidad de cuartos. Esa voluntad que permanecía por debajo de la tristeza, esa invencible fuerza que acompañaba todo el proceso y hacía circular la angustia. Porque no era cierto que en la tristeza se perdiera la voluntad de seguir, que era el obstáculo más grave con el que se enfrentaba el sufriente, esa voluntad, incontestable, que esquivaba el suicidio con la destreza de un torero. Lo grave no era entonces, la cercanía de muerte; lo grave era la imposibilidad de decidir por la muerte. Lo grave no era aquél terror, lo grave era lo interminable de la tristeza.
Y luego el alcohol recorrerle las venas, como si un navío oxidado tuviese la fuerza todavía para vigilar las costas, sus venas como puentes enredándolo todo, manteniéndolo vivo a pesar de la noche y del silencio y de los perros a lo lejos.
Cuento: Fábula de Doña Elisa
Sección Cuento, Mayo/Junio 2007
www.no-retornable.com.ar
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Fue leído en la Noche de Cuentos del Grupo Alejandría
en Abril de 2007
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Reseña Objetos Maravillosos
ANECDOTARIO MARAVILLOSO
sobre Objetos maravillosos,
de Juan Diego Incardona
(Editorial Tamarisco, 2007)
www.no-retornable.com.ar
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